miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Roda antes de 1931

     El periodo que tradicionalmente viene siendo conocido en nuestro país como la Restauración, encarnó una forma de organizar el sistema político, de manera más o menos estable a cambio de sacrificar la eficiencia administrativa y la democracia política. Con el beneplácito del monarca, los partidos turnantes, conservadores y liberales, regularon sin ninguna dificultad la vida política del país ante el intrascendente papel jugado por republicanos y socialistas. Funcionaron como clientelas políticas o amigos políticos, cuyas conexiones se basaron en los favores mutuos y en las influencias caciquiles. Los conservadores atrajeron a un amplio grupo de latifundistas y además contaron con más prensa que los liberales en el último cuarto del XIX y primera década del XX [1].
     Con respecto a la Restauración en nuestro pueblo, en el Agricultor Manchego, periódico rodense  conservador, con motivo de la muerte de Enrique Escobar, aparece un artículo donde se hace referencia a las familias tradicionales de La Roda, que se fueron turnando alternativamente en el poder, siendo las encargadas de gobernar a una mayoría de población  ignorante de las ideas que representaban dichas sagas familiares: “nuestros convecinos, sin más conocimientos de partido, es decir, sin saber si eran liberales o conservadores, tradicionalistas o progresistas, monárquicos o republicanos, eran simplemente éstos: Garcías y Escobares. De estos partidos recibían los favores y privilegios y a estos partidos sometían la adhesión de su voto (…).
     El cambio hacia un régimen de tipo dictatorial viene promovido por varios factores: por el desprestigio y corrupción del sistema político, por las implicaciones de la guerra de Marruecos, por el descontento de la patronal debido a la desacertada política económica de los últimos gobiernos de la Restauración y por la conflictividad social. Este panorama hará que un sector del Ejército decida intervenir de nuevo en la vida política española, como tradicionalmente venía haciendo.
     ¿Cómo reaccionaron los políticos rodenses y albaceteños ante el golpe de Primo de Rivera? Pues evidentemente los sectores político-propietarios apoyaron con celeridad al dictador; la prensa no manifestó excesivo entusiasmo; las clases populares permanecieron apáticas y la UGT no realizó acciones de protesta, siguiendo las directrices socialistas. Las adhesiones se sucedieron inmediatamente durante la semana posterior al golpe [2].
     El Directorio llegaba con la pretensión de liberar a la patria de los “profesionales de la política” y restablecer el orden público. Aunque había manifestado en reiteradas ocasiones su decidida voluntad de acabar con los nefastos políticos y el caciquismo, a la hora de reclutar personal civil en Albacete se vio obligado a recurrir a quienes directa o indirectamente, representaban los mismos grupos sociales o intereses que antes.
     No obstante su voluntad de regeneración política, Unión Patriótica, creada en abril de 1924, evolucionó a perpetuar el caciquismo, según denunció el Gobernador, sobre todo a finales de la Dictadura, restableciendo sin dificultad las redes de influencia bajo las antiguas denominaciones políticas. No por casualidad, el jefe local de Unión Patriótica en La Roda sería uno de aquellos caciques de la rama de los escobares, Enrique Escobar. Para intensificar su apoyo al régimen, Unión Patriótica hizo un gran esfuerzo a través de la celebración de mítines de afirmación patriótica y homenajes a Primo de Rivera, quien visitó la provincia de Albacete en septiembre de 1926. Por La Roda pasaría el día 10, acontecimiento publicado por bando del alcalde en aquel momento, Benjamín Martínez, invitando al vecindario a rendir con su presencia el debido homenaje al “Salvador de la Patria” [3].
     En este contexto de consolidación de Unión Patriótica, en junio del año siguiente,  siendo alcalde Francisco Diego Berruga, se produce la visita al pueblo de La Roda del Gobernador Civil organizando para lo cual un fastuoso recibimiento de la mano del señor alcalde, del presidente de Unión Patriótica, Enrique Escobar y de la comisión organizadora. Es muy ilustrativo poder leer en el Agricultor Manchego cómo uno de los oradores pronuncia un discurso en contra de las “libertades individuales, pues gran parte de la tranquilidad que se disfruta es debida a la calma que en nuestras costumbres políticas ha logrado la supresión del pretendido derecho. Un gobierno fuerte dedicado a administrar bien era la aspiración de los mismos que hoy claman por la vuelta de la soberanía popular (…)”. Libertades individuales y soberanía popular, conceptos ambos que las tradicionales cúpulas dirigentes no estaban dispuestas a otorgar generosamente.
     Si los caciques locales y los políticos más destacados en el ámbito provincial se oponían a la concesión de derechos a la ciudadanía es porque ya había voces en el mismo seno de la Dictadura que los reivindicaba. Las transformaciones sociales, aceleradas tras la Gran Guerra, estaban relacionadas con la exigencia de mayor representación y de erradicación de la corrupción electoral y del clientelismo, con un avanzado proceso de secularización de la vida y pérdida en el ámbito urbano de los valores tradicionales vinculados al poder de la Iglesia y de la aristocracia; también con la aparición de los primeros partidos de masa y de grandes sindicatos y la presencia pública de elites intelectuales [4].

     La creciente oposición política, la crítica de los intelectuales, el movimiento de protesta estudiantil y el descontento del Ejército, llevaron a Primo de Rivera a solicitar su dimisión, cesando en el cargo el 28 de enero de 1930. Desde este momento, y hasta la proclamación de la II República en abril del año siguiente, se produce un doble proceso de enfrentamiento y propagandismo político intensos en aras de esclarecer el futuro político del país. Por una parte, a pesar del aislamiento y del agotamiento de la Monarquía, habrá un vano intento de restaurar la Corona. Por otra, se apostará por el cambio y la democratización de la vida política y social.
     Mientras tanto, en La Roda se procedía a la Constitución del nuevo Ayuntamiento en febrero de 1930, eligiéndose interinamente como Alcalde al concejal de más edad: Enrique Escobar. Poco después, por orden del Gobernador Civil se nombraba Alcalde-Presidente a Gabriel de Arce y Escobar.  Los concejales serían: José Escobar Muñoz, Hermenegildo Pérez Valles, Eliseo Graells Maroto, Antón Moratalla Santón, Benjamín Martínez Alarcón, Juan Muñoz Tébar, Juan Miguel Tébar, Leopoldo Cadenas, Ciriaco Carrasco, Ángel Escobar Muñoz y Enrique Abad [5]Estas personas se encuadraron en diversas agrupaciones monárquicas y conservadoras en vísperas de las elecciones de abril de 1931. Una vez proclamada la  República, rápidamente "cambiarán la chaqueta", ingresando en diferentes partidos republicanos de tipo conservador. Todos ellos serán los que organicen y/o apoyen la sublevación militar en La Roda en contra del Gobierno de la República el 18 de julio de 1936, concretamente liderada por Gabriel de Arce y Escobar. Éste, nacido en 1896, fue un latifundista y cacique destacado en la localidad. En 1930 aparece  afiliado a Unión Patriótica y antes de 1936 ingresará en Falange Española. 
     En medio de este panorama de agotamiento de la Corona, incapaz de mantenerse en el poder ni a través del sistema parlamentario ni del dictatorial, las fuerzas antimonárquicas, republicanas y socialistas, se lanzaron a una intensa campaña propagandística bajo el lema de la unidad. La celebración en 1930 del aniversario de la I República fue utilizada por los republicanos albacetenses como punto de encuentro. Realizaron un banquete en la capital al que asistieron representantes de La Roda y otras localidades. En dicho acto se aceptó la formación de un partido republicano único con la finalidad prioritaria de conseguir la República [6].
     Se produce durante este breve período un auge espectacular del republicanismo en agrupaciones y afiliados, muy especialmente a través de los Círculos Republicanos. Destacados líderes republicanos por la derecha fueron Alcalá Zamora o Miguel Maura. No obstante, el nuevo republicanismo tenderá a unirse siguiendo las orientaciones de Azaña, Martí y Giral, a través de Alianza Republicana. Arturo Cortés será el encargado de articular el republicanismo de izquierdas en la provincia de Albacete. En La Roda, en 1930 el Presidente de este partido era Miguel Servet Díaz, que después presidirá el Partido Radical, republicano y conservador [7].  De manera progresiva, los Círculos Republicanos van desapareciendo aunque el de La Roda todavía existe en 1932 con sede en Ramón y Cajal, nº 6,  siendo su presidente el profesor Ramón Llistó Calvo [8]. Estos partidos contaron con una base social de vieja y nueva clase media, de artesanos, ingenieros y profesionales liberales.
     Por su parte en 1930, será el Partido Socialista el que más influencia tenga en la izquierda obrera. Los socialistas alcanzaron un crecimiento leve respecto a 1923. Únicamente se habían creado tres nuevas sedes en la provincia de Albacete, pasando de 9 a 12. El aumento de afiliados se registró sólo en las grandes localidades con presencia del sector industrial, como en la capital, o en poblaciones como La Roda [9]. Esta debilidad inicial se debió básicamente a la influencia de dos factores determinantes: al recorte de sus filas tras la eterna discusión sobre la adscripción a la Tercera Internacional y a su subordinación a la política desarrollada por la sindical UGT durante la Dictadura [10].

     En conjunción con la crisis política del final de la Dictadura de Primo de Rivera, también podemos hablar de la problemática económica, agudizada por la depresión mundial. En La Roda, la grave crisis obrera de tipo agrícola que afecta a la población ya se plantea en sesión plenaria. Para remediar el problema, se propone la construcción del camino vecinal de Fuensanta por Montalvos a la Ctra. Ocaña-Alicante, aunque posteriormente se aplaza la construcción de dicho camino [11]. La “pertinaz sequía”, término que aparece en el Acta, o las condiciones climatológicas adversas, hacen referencia a razones de tipo coyuntural, pues los factores determinantes del paro agrícola y de la crisis económica en definitiva, serían otros.
     La población rodense, al igual que la inmensa mayoría de los habitantes del país, dependían por aquél entonces de la agricultura para vivir. No obstante, podemos hablar de una incipiente industrialización en La Roda, aunque solía tratarse de pequeños establecimientos, a menudo de carácter familiar y muchas veces relacionados con las actividades del campo, bien por proporcionar servicios a agricultores (herrerías, carros) o por transformar los productos agrícolas (bodegas, molinos y fábricas de harina harina).  Sólo en la periferia norte y mediterránea existían condiciones favorables para la agricultura, lo que suponía menos del 10% de la superficie total.  En el resto del país, a través del sistema de latifundio, se seguían concentrando las tierras en unas pocas manos.
     Albacete se clasificaba como una de las grandes provincias latifundistas, comparada con otras. Según los datos del Catastro a 31 diciembre 1930, estos son los datos del término de La Roda referido a fincas mayores de 250 has. Un total de 39.478 has. de término municipal con 13 fincas que ocupaban 14.884 has. (un 37,72% del término municipal). Es decir, una media de 1145 has. por finca. La Roda destacó por el peso de la gran propiedad, al igual que Villarrobledo, municipio de gran interés para la reforma agraria [12]. Afincados en Villarrobledo, grandes latifundistas y caciques de la comarca fueron Pedro Acacio Sandoval y Francisco Jiménez de Córdoba y Arce. Siempre controlaron el devenir político de su zona de influencia: el partido judicial de La Roda, enmarcado en el distrito electoral de Alcaraz.
     En definitiva, la población trabajadora, en medio de una grave crisis económica, sin tierras y prácticamente analfabeta, arrastraba una miserable existencia. Los caciques locales eran los únicos que podían dar empleo y la Guardia civil mantenía el orden como si fuera territorio ocupado. En 1931 el reparto de la tierra y el trabajo agrícola serán el elemento más importante en la conciencia de las clases más desfavorecidas, es decir, la gran mayoría de la población.





[4] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 72)
[5] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesiones 26-2-30 y 4-5-30.
[6] Requena Gallego, Manuel, Partidos, elecciones y élite política en la provincia de Albacete, 1931-1933, Instituto de Estudios Albacetenses, 1991 (pág. 113)
[7] El Eco del Pueblo (20-11-30)
[8] El Defensor de Albacete (13-1-32) y el Agricultor Manchego (10-1-32).
[9] Sepúlveda Losa, Rosa Mª y Requena Gallego, Manuel, Del afianzamiento del republicanismo a la sublevación militar. Albacete 1931-36, IEA “Don Juan Manuel”, Serie IV, Cuadernos Albacetenses, Número 7, Albacete 2005 (pág. 12)
[10] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 74).
[11] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesión 8-12-30.
[12] Carrión, P., Los latifundios en España, Gráficas Reunidas, SA, Madrid, 1932 (pág. 115)

5 comentarios:

  1. Enhorabuena por esta incipiente, breve y valerosa incursión en la historia de nuestro pueblo.
    Historia que (como indica alguno de los comentarios que sobre él he leído), sólo nos la proporcionaron los orates de siempre, de viva voz, sesgadamente y sin fundamentos documentales.
    Es cierto que estas fuentes documentales que se citan al margen en este blog nos dan ya una visión (cierto que en temas muy específicos)
    más rigurosa y contrastada, sobre distintos aspectos de la historia en esos años en nuestro pueblo. Porque desde la llegada de la democracia reciente, los peródicos y la T.V. locales sólo se han dedicado a sacar temas relacionados con la arquitectura,demografía,
    heráldica, biografías de personajes históricos o de otros más actuales que han sido enaltecidos, mientras se ignoraban a otros...
    Echo de menos una obra que toque y engarze lo ocurrido en esos años (antes, durante la IIRepública, y después durante la Guerra Civil)
    en nuestro pueblo, evitando así la dispersion documental a la que cualquier ciudadano rodense tiene que acudir si quiere saber con fun-
    damento "algo" de aquel período.
    Enhorabuena, repito, y que este comienzo sea el inductor para la realización de esa nueva y necesaria obra.

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  2. Algunos llevamos alrededor de tres décadas dedicados a este asunto, así que cuando lleve usted los mismos hablamos.....no seré yo , ni algunos más los que perdamos más tiempo leyendo " su trabajo" , en el cual hay ya varias erratas. Saludos

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    1. Qué pena que no le interese. Me gustaría que me corrigiera las erratas. Mis conocidos lo hacen y yo quedo encantada. Las verdad es que teniendo a fecha de hoy 36, si llevara 30 años investigando, debería haber comenzado a la tierna edad de 6. Pero tan superdotada no estoy. Yo en cualquier caso le animo a que lea mi blog. Saludos

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    2. ¿Estimado anónimo, después de tres décadas dedicadas a este asunto, donde se puede consultar su trabajo y cual son las fuentes que usted ha utilizado?
      Tenemos mucha suerte los Rodenses que una joven historiadora tenga el afán de estudiar y escribir la historia de la Roda en tiempos de la República. Una historia diferente de la que ha sido escrita bajo la criminal dictadura franquista, una historia donde las cosas no son “blancas o negras”, una historia que cuenta lo que ha pasado realmente, sin ocultar nada de lo que puede molestar, en el pueblo, el franquismo sociológico, o los herederos del bando republicano.
      La historia no debe ser propaganda, debe ser honesta, y en ese sentido, sin lugar a dudas, el trabajo de Carmen cumple y personalmente se lo agradezco.

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  3. Abel Amar no era agricultor, une errata de tantas....... Su investigación deja mucho que desear.

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