domingo, 19 de enero de 2014

El Ayuntamiento de La Roda hasta 1933: ambiente político (I)

               
               Se ha tendido a identificar República y democracia, como si, al implantarse aquélla, ésta hubiese llegado por arte de magia. La democracia es una actitud que se adquiere con la práctica y, precisamente, muchos españoles y albacetenses no estaban muy experimentados en ella a comienzos de 1931. De aquí, el difícil y lento proceso hacia la democracia vivido en los años 30[1]. Tras la estabilización del régimen republicano, asistimos a partir de ahora a un período complejo en la política local donde, aparte de las reformas aplicadas en sintonía con el gobierno central, también aparecerán a los primeros conflictos de tipo político en el mismo seno del equipo de gobierno. Si bien los grandes temas de interés a lo largo de las Actas de los Plenos fueron la crisis obrera y agraria o la necesidad de construir más locales para escuelas, a continuación nos centraremos en primer lugar en el análisis de los hechos más puramente políticos.

            Antes de la configuración definitiva del Consistorio municipal, una de las primeras medidas que se adoptan es la apertura de una investigación de las cuentas del periodo de la Dictadura. Parece ser que el antiguo recaudador y administrador de arbitrios, derechos y tasas, Bernardo Cebrián Berruga, había cometido irregularidades, concretamente en 1923, con la retención de documentos y de dinero del erario municipal. Aunque presenta los Estados de cuentas que se le requieren, sigue faltando documentación como talones y libros para comprobar los Estados que presenta. En agosto de 1931 se acuerda el nombramiento de un delegado del Gobierno Civil Provincial para que inspeccione la administración municipal y política durante las diferentes etapas dictatoriales hasta el 14 de abril de 1931. También se acuerda el nombramiento de un nuevo administrador de arbitrios: José Fraile Moreno (sería interesante que recordásemos este nombre). Más adelante se llega a pedir incluso que los hijos políticos del antiguo depositario de fondos, al tener suficiente solvencia económica, respondan ante la gestión de su padre.

            En agosto se procedía al nombramiento del Jefe de Policía y Abastos: Restituto Gaitano García, “por sus importantes méritos en defensa de la causa republicana”. Se decreta también por la “vigilancia e inspección de fondas y casas de huéspedes y posadas para impedir la entrada de elementos extraños encargados de perturbar la tranquilidad que reina en la actualidad entre los elementos obreros de la localidad, con propósito de realizar campañas antirrepublicanas, pues se sabe (…) que existe una intensa propaganda de reacción monárquica que a toda costa se debe impedir llegado el caso en bien de la República porque al hacerlo así es defender a España contra sus eternos enemigos (…)”. 

               Desde su proclamación, la República, con su Constitución todavía incompleta, estaba siendo violentamente atacada por carlistas y clericales en el Norte, y por anarquistas en el Este y en el Sur. Sabemos que en La Roda se produjeron altercados provocados por algunos ciudadanos, reacios a aceptar en nuevo régimen. Según el Agricultor Manchego, en mayo de 1931, la Guardia Municipal impone multas a determinados individuos “por manifestarse con violencia en contra del nuevo régimen”; entre ellos, Aniceto Picazo, Juan Antonio Clemente Piqueras o Serafín González. En cualquier caso, el Consistorio toma estas medidas y la adquisición de nuevo armamento y uniformes para los guardias “por fundados temores de alteración del orden público”. Una de las primeras leyes promulgadas por el Gabinete de Azaña, tras convertirse en jefe del Gobierno el 16 de octubre, sería precisamente la Ley para la Defensa de la República, destinada a castigar la violencia en las disensiones políticas, sociales y religiosas y la difamación contra el nuevo régimen [2]. Muchos autores han querido destacar la impopularidad y severidad de esta ley sobre todo a partir de los sucesos de Casas Viejas. Posteriormente será sustituida por la Ley de Orden Público. Por medio de esta ley, la mano dura de la República se hará sentir sobre monárquicos y anarquistas.

            Uno de los hechos cuya explicación no resuelven los documentos encontrados fue la dimisión del primer alcalde de la República, Miguel Servet Díaz Basauri el 6 de septiembre, transcurridos tan solo tres meses desde su nombramiento el 5 de junio. Sin embargo, en un artículo aparecido en el Agricultor Manchego a fecha de 26 de julio, ya se hablaba sobre ciertos rumores de una crisis municipal y sobre la posible dimisión del alcalde. Las razones que aporta es que no gozaba de la confianza de los señores concejales. En una entrevista concedida al Defensor de Albacete en septiembre, con motivo de la elección de la “Señorita de La Roda”, también se le pregunta por su dimisión, alegando que ésta es “obligada” pues “con un Concejo así toda actuación es imposible”. Intuimos que, Díaz Basauri, aunque al principio significado políticamente con Acción Republicana, en vistas de los problemas que casi desde el principio de la proclamación de la República aparecen en el seno de la coalición republicano-socialista, progresivamente fue experimentando una evolución política hacia un republicanismo más conservador, para finalmente acabar ingresando en el partido de Lerroux. En abril de 1932 el Agricultor Manchego anunciaba en un artículo la constitución del Comité Directivo del Partido Republicano Radical en casa de Miguel Servet Díaz, que sería elegido Presidente, junto a Amós Gil Pedraza, como Vicepresidente.

            Así las cosas, el 10 de septiembre era nombrado el nuevo Alcalde Presidente de la Corporación: Eloy Calero Millán. Eloy Calero había nacido en La Roda en 1878. Industrial y bodeguero rodense, figuraba como segundo entre los mayores contribuyentes en 1930. Políticamente también se identificó con el partido de Azaña, Acción Republicana. En mayo de 1933 fue designado diputado provincial en sustitución de Teófilo Prados en representación del distrito de La Roda. Destacaremos las siguientes palabras en el discurso que pronuncia el día de su nombramiento como Alcalde de La Roda: “es importante la cooperación del Ayuntamiento y del pueblo en general por el afianzamiento del régimen republicano. El pueblo y el Ayuntamiento de La Roda deben inspirarse siempre en el sentido más democrático posible (…)”.

            Podemos considerar estos datos como prueba indiscutible de que la estabilidad y la cooperación, dentro del equipo de gobierno, no era un camino de rosas ya desde bien pronto. El primero de ellos: la dimisión de Díaz Basauri. El segundo: si Eloy Calero hace un llamamiento a la cooperación, es porque no la hay. Es más, la duración de Calero en la Alcaldía tampoco se prolongará demasiado en el tiempo ya que en junio de 1932 anunciaba su dimisión: había ostentado el cargo tan solo durante diez meses. A pesar de la función básicamente administrativa del Consistorio, las organizaciones republicanas, socialistas, también radicales, no se pudieron sustraer a una confrontación política cada vez más intensa [3]. Vemos aquí cómo a partir del otoño de 1931 comienzan a surgir las primeras discrepancias, que se volverán más acuciantes a lo largo de 1932.

            Para explicar brevemente las raíces de este fenómeno, nos remontaremos al éxito de las candidaturas republicano-socialistas, que había contribuido a la identificación del régimen con la mayoría inicial que lo había instaurado: “la República será gobernada por los republicanos”. Esta afirmación se entendió como una legitimidad excluyente más que como una llamada a la incorporación al nuevo régimen de los grupos que no habían participado en su instauración. Aparte de la exclusión de los “desleales” en el nuevo régimen, el resultado de las elecciones generales del 28 de junio, tampoco aseguraba la estabilidad del gobierno. Aunque el Partido Radical hubiera obtenido un total de 90 escaños, Azaña finalmente optó por prescindir de Lerroux y quedarse con los socialistas pues “la democracia no era sólo cuestión de burguesía y clase media sino de una coalición en la que tuviera cabida el movimiento ascensional del proletariado” [4]. Esta fórmula entendía que la coalición con los socialistas estaría exenta de problemas, que los radicales aceptarían su papel de leal oposición y que las fuerzas no leales al régimen, nada tenían que hacer, excepto acatarlo. Nada más lejos de la realidad.

        Los propios socialistas siempre habían estado divididos en la cuestión de la participación en el Gobierno republicano. Aunque en La Roda destacó la línea más moderada de Prieto, partidaria de la colaboración con la República, también aquí habrá discrepancias con la política republicana, sobre todo debido al protagonismo y a la fuerza que tendrá la sindical socialista sobre el partido. El 16 enero de 1932 la Casa del Pueblo presentaba un escrito al Alcalde pidiendo la dimisión de los siguientes concejales de la minoría socialista de acuerdo con la agrupación política a la que pertenecían: Francisco Escudero Díaz, Florentino del Barco Picazo, Francisco Moreno Castillo y Timoteo Maestro Zalve; todo ello “en vista de la actitud caciquil y de desconsideración observada por un sector republicano dominante en el Ayuntamiento”. Sin embargo, el Ayuntamiento acuerda por “unanimidad” no aceptar dicha dimisión pues “ha visto con sentimiento las manifestaciones del sector socialista, siendo su principal objeto velar por la pureza de esta administración municipal, vería con gran satisfacción que continuaran en sus puestos”. Finalmente, en la sesión de 28 de enero los concejales socialistas optan por la no dimisión. En junio del mismo año, el sindicato socialista volvía a enviar un escrito reivindicando mejoras locales de tipo social para que “los intereses del pueblo no estén vejados ni menospreciados como están en la actualidad”. Además, podemos observar diferentes quejas de los concejales socialistas en los plenos criticando que no se lleva a la práctica ninguno de los acuerdos adoptados. En definitiva, se reiteran las quejas de socialistas contra alcaldes azañistas y lerrouxistas por no cumplir la legislación social y por albergar resquicios de caciquismo. En contrapartida, se acusa a los socialistas de favorecer la insurrección social, pidiendo que abandonen el Gobierno porque son un peligro para la República.

            La redacción de una Constitución supuso uno de los puntos más conflictivos para la joven República, sobre todo en lo tocante a las relaciones Iglesia-Estado. Desde el 14 de julio (día de la toma de la Bastilla), hasta el 9 de diciembre, los diputados debatieron y forjaron la Carta de una República decididamente democrática, laica y potencialmente descentralizada[5]. En el apartado sobre “declaración de derechos” se incluía: libertad religiosa, de expresión, reunión, asociación y petición (al gobierno), el derecho de libre residencia y de circulación y de elección de profesión, inviolabilidad de domicilio y correspondencia. Por otro lado, se suprimía todo privilegio de clase social y de riqueza, lo que equivalía a anular la nobleza como entidad jurídica. Se apuntaba también la posibilidad de socialización de la propiedad y de los principales servicios públicos, aunque en definitiva los proyectos de nacionalización de la tierra, las minas, los bancos y los ferrocarriles nunca se llevaron a cabo. Las Cortes quedaban constituidas en un único Congreso de diputados, elegidos para cuatro años por sufragio universal, incluido el femenino. Además de sus funciones legislativas y de apoyo al ejecutivo, las Cortes debían elegir al presidente de la República por un mandato de seis años. Las Cortes nombraron presidente a Alcalá-Zamora, quien confirmó en la jefatura del gobierno a Manuel Azaña.

            De esta manera, el 10 de diciembre, a propuesta del concejal Antonio Díez Belda, se acordaba por unanimidad rendir el más “ferviente homenaje de admiración al Excmo. Sr. D. Niceto Alcalá Zamora” con motivo de haber sido investido con la más alta jerarquía de la República española. Para conmemorar esta fecha, se establecía como Fiesta Nacional el día 11 de diciembre, cumpliendo así con el Decreto de la Presidencia del Gobierno de la República  (Gaceta de Madrid, nº 343, 9 diciembre 1931). En La Roda se celebraría con un “concierto por la Banda de música local a las 11 h. en una de las principales vías de la localidad [6], procediéndose por la tarde con la asistencia del Ayuntamiento a la Secularización del Cementerio,  haciéndose por la Alcaldía un llamamiento al vecindario para que secunde esta decisión y asista para realizar con su presencia los actos que se realicen. El 17 de julio de 1932 el Agricultor Manchego publicaba el Bando oficial sobre la secularización de nuestro Cementerio [7].

            En la mayoría de los pueblos, los cementerios pasaron a control secular con el Alcalde presidiendo la ceremonia pública del cambio y la banda municipal tocando La Marsellesa. En La Roda, como en muchos otros lugares, había pequeñas porciones de terreno valladas o tapiadas, reservadas para los pocos ciudadanos que habían preferido un entierro civil. La ceremonia de la secularización solía incluir el derribo de la tapia y se dijo que hubo casos en que las autoridades municipales aconsejaron a los ciudadanos que demandaran el matrimonio y el entierro civiles ahora que España había conseguido la libertad religiosa. Desde el punto de vista de la Iglesia, tales actos eran a la vez que ofensivos, ilegales, pues en teoría al menos, las relaciones entre la Iglesia y el Estado todavía estaban regidas por el Concordato de 1851. Para los republicanos, este tipo de ceremonias laicas eran signos de cultura, mientras que las de tipo religioso lo eran de atraso y superstición.




[1] Requena Gallego, Manuel, Partidos, elecciones y élite política en la provincia de Albacete, 1931-1933, IEA, 1991 (pág. 25)
[2] Jackson, G., La República española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 1999 (pág. 65)
[3] Requena Gallego, Manuel, Partidos, elecciones y élite política en la provincia de Albacete, 1931-1933, IEA, 1991 (pág. 312)
[4] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 80-82).
[5] Jackson, G., La República española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 1999 (pág. 60)
[6] Según noticia publicada en el Agricultor Manchego el día 13 de diciembre de 1931, el concierto, interpretado por la Unión Musical Rodense, se celebró en la glorieta de la Miliaria. El programa fue el siguiente: Recuerdos de Archena, La Rosa del Azafrán, France y Pepita Greus, terminando con el himno de Riego.
[7] Bando. Don Juan Martínez Monteagudo, Alcalde Presidente, HAGO SABER: Que con el fin de que mis administrados conozcan las disposiciones sobre la Ley de Enterramientos en Cementerios, seguidamente se transcriben aquéllas que más directamente les afectan: Artículo 1º. Los Cementerios municipales serán comunes a todos los ciudadanos, sin diferencias fundadas en motivos confesionales. En las portadas se pondrá la inscripción CEMENTERIO MUNICIPAL. Sólo podrán practicarse los ritos funerarios de los distintos cultos en cada sepultura. Las autoridades harán desaparecer las tapias que separan los Cementerios civiles de los confesionales, cuando sean contiguos. Artículo 2º. El enterramiento no tendrá carácter religioso alguno para los que fallezcan habiendo cumplido la edad de veinte años, a no ser que hubiese dispuesto lo contrario de manera expresa (…) Aquéllos que deseen imprimir carácter religioso a sus enterramientos, vienen obligados a disponer en tal sentido su voluntad expresa. Del buen criterio de este culto vecindario, espero coadyuvará al excusable cumplimiento de la Ley, en evitación de disgustos que esta Alcaldía sería la primera en lamentar (La Roda, 12 de julio de 1932).

3 comentarios:

  1. Exaustivo y laborioso trabajo. Te felicito por este buen trabajo que nos vas permitiendo descubrir entrega a entrega y te animo a que sigas publicando porque seguro que hay mucha gente como yo que se queda con ganas de mas.
    Fdo. M.A.

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  2. Enhorabuena por el trabajo que estas haciendo, ya era hora de que alguien con estudios nos contase la historia de nuestro pueblo.

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