viernes, 19 de junio de 2015

Febrero de 1936. La Roda en vísperas de la Guerra Civil

 
     Para tener más presentes los acontecimientos y cambios que se viven en los previos años a la Guerra Civil en La Roda, aconsejo echar un vistazo a los cambios en los partidos y agrupaciones políticas y más especialmente acudan a revisar el origen, desarrollo e impacto que tuvo la huelga de octubre de 1934. Debo recordar, además, la ausencia de nuestra principal fuente de información para el periodo: las Actas de Plenos que van desde marzo de 1934 a noviembre de 1935. No obstante esta carencia, por fortuna podemos acudir a otro tipo de fuentes que si bien aportan datos desde otros puntos de vista, no por ello son menos importantes. Aparte de la existencia de otros documentos de archivo, también recurriremos a la información que nos ofrece la prensa periódica: el Agricultor Manchego (última publicación en junio de 1935) y el Roda Fuerte (de abril a julio de 1936). De entre el repertorio bibliográfico disponible para la provincia de Albacete, destacaré el libro de Rosa Mª Sepúlveda “Republicanos tibios, Socialistas beligerantes. La República Social inviable. Albacete 1933-1936” o el de Rosa Mª junto a Manuel Requena que lleva por título “Del afianzamiento del republicanismo a la sublevación militar. Albacete 1931-1936”.
     Desde finales de 1933 veíamos cómo nuevas agrupaciones de derechas se iban haciendo fuertes, como por ejemplo la CEDA, gran aliada del Partido Radical durante este segundo bienio negro (negro dado el salvaje comportamiento de la derecha en este periodo), mientras que los partidos republicanos de izquierdas experimentaban una evolución inversa. En mayo de 1934 se había constituido por orden gubernativa el nuevo Consistorio en sintonía con el gobierno de la nación. Presidía el mismo Antonio de la Peña Miranda, que posteriormente será sustituido en el cargo por Job Escobar. Vimos también cómo los enfrentamientos políticos culminaron en la huelga general revolucionaria de 1934. A consecuencia de la misma, se realiza una persecución contra los partidos de izquierdas, especialmente contra socialistas y dirigentes de sociedades obreras; persecución de la que no se restablecerán hasta aproximadamente la primavera de 1935, momento a partir del cuál se crean nuevos Comités en La Roda como el de Izquierda Republicana. Los socialistas, que habían optado por la ruptura con respecto a los partidos burgueses, tras los sucesos de octubre, comienzan a flexibilizar sus posturas. No obstante la nueva dinámica de convergencia que se abre paso entre socialistas y republicanos de izquierdas a lo largo de 1935, destacaremos el aumento progresivo de las tensiones entre ambos grupos que culminará en la primavera de 1936.
     Tampoco las relaciones serán buenas entre los miembros de la coalicción gobernante: los enfrentamientos entre cedistas y republicanos radicales también serán habituales a partir de 1935. Ambos radicalizarán sus posturas tendiendo a crecer los primeros a costa de los segundos como se aprecia en diversos ayuntamientos. Una vez controlados los efectos de la huelga de octubre de 1934, a lo largo de 1935, las derechas inician una amplia campaña en defensa de los valores tradicionales y en contra de la actitud revolucionaria y supuestamente suicida de la izquierda. En muchos municipios se solicita el aumento de las fuerzas del orden pues se había puesto de manifiesto su deficiencia durante el movimiento revolucionario. El temor a la radicalización campesina y obrera y la preocupación por guardar el orden en los pueblos reforzaron esta demanda entre los sectores conservadores y de clases medias que regían la mayoría de los consistorios. En La Roda, autoridades y caciques locales celebrarán multitud de homenajes y una suscripción para recaudar fondos para premiar la fidelidad de la Guardia Civil con respecto a su causa, contribuyendo a consolidar de esta manera su buena relación (ya lo vimos en el artículo sobre la revolución de octubre).
     Si bien es cierto que la represión posterior a la huelga de octubre fue brutal y desproporcionada, progresivamente a nivel nacional ello dio lugar a una convergencia social y política dentro de la izquierda. A lo largo del verano de 1935, los partidos de izquierdas, apiñados en torno a la formación del Frente Popular, desarrollarán una política más activa de oposición al gobierno destacando de entre sus reivindicaciones la amnistía de los represaliados por la revolución de octubre. Mientras tanto, los problemas internos entre radicales y cedistas culminaban con los dos grandes escándalos políticos en el otoño de 1935. El caso del straperlo y el asunto Nombela, en los que muchos políticos del Partido Radical estaban implicados, anticipó la ruptura de la coalicción. Ante la debilidad de los radicales, Gil Robles confía en controlar el Gobierno, pero Alcalá Zamora dudando de las convicciones democráticas del líder cedista, entrega a Portela Valladares el Decreto de disolución de Cortes y la convocatoria de Elecciones generales anticipadas para el 16 febrero de 1936.
     El objetivo de Alcalá Zamora fue el de crear un nuevo partido de centro que pudiese sustituir a los desacreditados radicales. Y así es como se destituye el viejo Consistorio rodense y se crea uno nuevo el 8 de enero de 1936. Se envía un Delegado especial a La Roda para supervisar el cese de los dieciséis concejales interinos y proceder al nombramiento de los nuevos según aparecen en el listado de los Oficios del Gobierno Civil Provincial nº 80 y 81, sobre autoridad provisional, que serían: Godofredo Iniesta Avendaño, Diego Molina García, Antonio Aranda Ureña, Bernardino castillo, Ricardo Atienza Carrasco, Ramón Madrigal Beltrán, Fernando Martínez, Juan Andrés García Lara, Armando Saiz Calero, Emiliano Rubio Martínez, Antonio de la Peña y Miranda, Pedro Antonio Céspedez Jiménez, Pascual Rodríguez, Daniel Castillo Carretero, Eloy Calero Millán y Julio López Conejero. Acto seguido y bajo la presidencia de Miguel Servet Díaz Basauri se procedía a la Constitución definitiva del Ayuntamiento. Se realiza la correspondiente votación para elegir al alcalde, que sería Antonio de la Peña y Miranda.
     Uno de los concejales salientes del anterior gobierno derechista, Francisco Diego Berruga Cebrián 1, daba las gracias a todo el mundo y deseaba a los señores que iban a sustituirles que los acompañara el acierto en su gestión, haciéndoles entrega dice “de un Ayuntamiento normalizado en su situación económica, tan distinta de aquélla en que lo recibieron”. Después de tantos años, cuán familiares a la vez que demagógicas nos resultan estas palabras. No puedo dejar de opinar cuando tras haber estudiado en profundidad todas las actas del periodo observas que la situación económica era igualmente lamentable tanto en el periodo de gobierno de izquierdas como en los años de gobierno de las derechas. Es de todo imposible recuperar una economía local estructuralmente anquilosada en año y medio de gobierno de la coalición de derechas. Es más, si a alguien se debía pedir explicaciones sobre la penosa situación económica del municipio es a aquéllos que lo habían gobernado desde siempre, y no a la coalición republicano-socialista que tan sólo había estado dos años.
     El caso es que, a diferencia de lo que ocurriera en la Transición española, en este momento ya no era posible improvisar un partido de centro de la noche a la mañana. Estaba claro que los radicales de Lerroux habían muerto mientras que el partido de Portela no llegaría a nacer. El centro desapareció casi por completo como fuerza política en las elecciones de febrero de 1936. Entre otras cosas, estos comicios iban a servir para poner de manifiesto la bipolarización política de la sociedad española. La lucha se establecería entre las derechas, organizadas en un “Frente Nacional”, y las izquierdas, unidas en el “Frente Popular”. Y aunque el Frente de derechas consiguió buenos resultados, debido en parte a la enorme suma de dinero que gastaron en propaganda, la victoria recayó sobre las izquierdas. En palabras de Santos Juliá, fueron unas elecciones apasionadas, con muy elevada participación: desde las monjas de clausura al anarquista apolítico, todo el mundo fue a votar. En la provincia de Albacete, la Coalición “Antirrevolucionaria” triunfaría en sesenta y cuatro municipios ubicados sobre todo en las zonas serranas de Alcaraz y Yeste, y en el partido judicial de La Roda, lugares en donde también venció en 1933. El Frente Popular obtuvo sus mejores resultados en lugares de mayor militancia y en las zonas urbanas. Y aunque se esperaba que fueran desapareciendo las corrupciones electorales, los datos demuestran que aún subsistieron durante la Segunda República, aunque en menor medida. El sistema administrativo de los viejos distritos monárquicos, que se correspondían en general con los partidos judiciales, a estas alturas conserva una notable supervivencia. Las sedes caciquiles de los señores del distrito, como los Acacio en La Roda, aunque muy debilitadas, es evidente que todavía no han desaparecido.
     Como ya sabemos, la gran reivindicación del Frente Popular en estas elecciones fue la petición de la amnistía política y laboral para los represaliados por la revolución de octubre. Y ésta fue, junto al estricto cumplimiento de su programa político, la primera medida adoptada por el nuevo gobierno de Azaña. Los presos salen de las cárceles y en los Ayuntamientos se reponen en sus escaños y en sus puestos a los concejales y funcionarios que los ocupaban en 1934. En la sesión extraordinaria urgente de 21 de febrero se procedía a la lectura de un telegrama del Gobierno Civil: “que cesen todos los concejales interinos dando posesión a los concejales propietarios que fueron suspendidos en el mes de octubre y en los mismos cargos que en aquella fecha desempeñaban (…)”. De esta manera pasan a ocupar sus puestos los tenientes de alcalde Francisco Escudero Díaz y Basilio Donate Jareño; también los siguientes concejales: Miguel Servet Díaz Basauri, Antonio Romero Giner, Francisco Moreno Castillo, Eloy Calero Millán, Antonio Montero Montero y Florentino del Barco Picazo. A la sesión no acude el anterior alcalde José Cerdán Pérez ni los concejales Antonio Díez Belda ni Ramiro Huerta Fernández porque ya no viven en La Roda. Finalmente la Corporación se contituye con ocho concejales, debiendo tener dieciocho con arreglo al Estatuto Municial, al amparo de cuya disposición se celebró la elección popular. Dada la ausencia de José Cerdán, es elegido alcalde provisional Ramón Ferrer Garrido. Finalmente, en la sesión extraordinaria urgente de 24 de febrero se nombran el resto de concejales según oficio del Gobierno Civil: “En uso de las facultades que me competen y con el fin de completar el número de Concejales de que consta esa Corporación y poder atender al mantenimiento del orden, he acordado nombrar concejales interinos a José López Ballesteros, Lamberto Pérez Martínez, Antonio Montero Montero, Diego Sánchez Lozano, Juan Carretero Lillo, Clodoaldo Ortiz Chumillas, Abel Amar Pardo, Jose Fraile Moreno, Jose María Gómez Pérez, Gregorio Arenas Martínez, Diego Ortiz, Sebastián Collado Fernández y Julián González Simarro”. Posteriormete votan por la alcaldía, que será representada por José López Ballesteros.
     Unos días después sería también repuesto el personal funcionario, especialmente la guardia municipal, que fue destituida en octubre de 1934. Se alega que como ya ha pasado el periodo electoral, han desaparecido los motivos existentes para el aumento de la guardia municipal y por ello y para evitar gastos a la corporación la guardia municipal debe reducirse a su verdadera plantilla. Se procedía por tanto a la destitución de todos los guardias municipales, vigilantes nocturnos y guardas del campo que fueron nombrados en octubre de 1934, siendo restituidos en sus puestos a todos los que en aquella fecha fueron destituidos. A continuación se recuerda que ningún cargo interino debe estar cubierto por más de seis meses, por lo que teniendo casi todos los guardias municipales, vigilantes y guardas del campo un nombramiento interino, se acuerda sacar las plazas mencionadas para su provisión en propiedad. Los guardias que fueron destituidos y ahora repuestos en sus cargos son los siguientes: el Inspector Jefe de la Policía Urbana y Rural, Restituto Gaitano García, el cabo Juan Tébar Cuchillo y el resto de guardias, Serapio Fraile Griñán, Gabriel Sánchez Lozano, Pedro Córdoba González, Julián Pérez Collado, Juan Fraile Escudero, Jose Escudero Serrano, Eduardo Martínez Cabañero, Juan Pérez Gaspar y Juan Carrilero Bautista. No tenemos datos sobre la posible liberación de presos políticos en La Roda. Aunque, como dijimos, aquí la revolución de octubre no tuvo el impacto que pudo tener en otros pueblos de la provincia como en Tarazona o Villarrobledo, sabemos que se produjeron detenciones y búsquedas, como la de Antonio Gómez Irimia, destacado socialista rodense que será alcalde de marzo de 1937 a octubre de 1938. No tenemos más nombres pero lo que sí tenemos son indicios de que en La Roda también hay una salida de presos políticos y delincuentes comunes de las cárceles posterior a la victoria del Frente Popular. Efectivamente, en el juicio sumarísimo contra Jose Antonio Sevilla Argudo, se dice que éste se hallaba en la cárcel cumpliendo condena por “un crimen pasional” y que, dado su componente socialista, tras las elecciones de febrero de 1936 es sacado de la misma por Deusdedio del Campo. De este dato podemos extraer interesantes conclusiones. La primera, como decíamos, que en La Roda hubo liberación de presos. Aunque sólo dispongamos del testimonio de una persona, podemos intuir que se produjo una excarcelación colectiva. En segundo lugar, que influyentes socialistas del pueblo, sin haber gobernado en el Consistorio, comienzan a destacar públicamente. Deusdedio del Campo por esta época debía de gozar ya de una reputada fama entre los socialistas “más combativos” de la localidad. No ha sido concejal de 1931 a 1933, y tampoco lo será ahora, tras la victoria del Frente Popular; sin embargo, deben ser notorias sus implicaciones políticas y su autoridad cuando aparece liderando la liberación de presos de las cárceles.
     Algunos han querido justificar el incremento de la violencia que se vive en la primavera de 1936 en función de esta liberación de presos. Si bien es cierto que de la cárcel salieron también multitud de delincuentes comunes, no creemos que, aún pudiendo influir, fuera ésta la causa de aquella conflictiva primavera. En este ambiente socio-político ya totalmente polarizado, sucede que los sectores juveniles de todo signo son los que más se radicalizan. Por un lado, las secciones juveniles de la CEDA y Falange, se convencen de inmediato de la necesidad de asegurar por la violencia lo que no es posible obtener mediante la persuación. Esto significa que, en adelante, la derecha iba a preocuparse más todavía si cabe, por destruir la República que de asumir el mando. A modo de ejemplo, en un pleno del mes de marzo, la Sociedad de Obreros Labradores “El Campo” envía un comunicado al Consistorio pidiendo, entre otras cosas, que desde el mismo se haga lo posible por detener el rearme de las derechas. Por su parte, las Juventudes Socialistas también se radicalizan y será en marzo de 1936 cuando de su unión con las Juventudes Comunistas se creen las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Y así es como tras el triunfo del Frente Popular se inicia un proceso ascendente de inestabilidad social y una escalada de violencia, promovida especialmente por la derecha, falangistas y monárquicos, y por un sector de la izquierda, el más radical de los socialistas (o del anarquismo aunque en La Roda no existió), que hizo que los propietarios y las clases burguesas vieran el levantamiento militar como la única salida.

1Francisco Diego Berruga Cebrián junto al Secretario Manuel Ávila Palacios serán condenados y ajusticiados a pena de muerte por el Tribunal Popular de Albacete en octubre de 1936.
 
  

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