martes, 19 de julio de 2016

La Roda en guerra: 19 de julio de 1936


Del 17 al 19 de julio de 1936, las guarniciones militares y centros neurálgicos de poder fueron cayendo en manos de los insurrectos a lo largo de casi toda la geografía peninsular. En La Roda, según Deusdedio del Campo Martínez, uno de los líderes locales del Partido Socialista, en la madrugada del 19 de julio realizó una llamada telefónica al Cuartel de la Guardia Civil solicitando al cabo que se pusiera a disposición del Frente Popular; evidentemente esto ya no iba a suceder. Ese mismo día, sobre las 14.30, poco antes de consumarse la entrega del Ayuntamiento La Roda a la Guardia Civil, Deusdedio salía para Albacete junto al alcalde, José López Ballesteros, Lamberto Pérez y Jose Antonio Vera Zaragoza para hablar con el Gobernador sobre los hechos y recibir órdenes. A unos 100 metros antes de llegar al Gobierno Civil son detenidos por la Guardia Civil para posteriormente ser encarcelados. Así permanecerán hasta las 14 horas del día 25 de julio, momento en que la capital es tomada por tropas leales a la República.
Efectivamente, la sublevación militar contra la República comenzaba en Albacete capital a las 15 horas de la tarde del domingo 19 de julio; justo cuando el alcalde, Deusdedio y compañía, llegaban para informarse sobre la rebelión. Dominada la situación en la capital, el alzamiento fue extendiéndose por los pueblos de la provincia; de manera más inmediata por todos los tocados por la línea de ferrocarril y la carretera general que une Madrid con Murcia, entre ellos, La Roda 1.
En los Libros de Plenos se conserva el Acta por la que el Ayuntamiento de La Roda es entregado a la Guardia Civil. Ya eran las 18.30 de la tarde cuando se persona en las dependencias municipales el alférez de la Guardia Civil, Miguel Segura Limorte, solicitando al Secretario de la Corporación, Manuel Ávila Palacios, la entrega del Ayuntamiento. Allí se encontraban algunos concejales, que como negativa a la petición, abandonan las dependencias: Antonio Montero Montero, Florentino del Barco Picazo y Gregorio Arenas Ortiz. Los oficiales Julio Chacón y Ramón Cano, junto al alguacil, Longinos Escudero, permanecen junto al Secretario, procediendo a levantar Acta para la entrega del Ayuntamiento.


Como ya explicara en un artículo publicado en Crónica La Roda sobre represión, las órdenes del General Mola, El Director, fueron claras y contundentes: “El movimiento ha de ser simultáneo en todas las guarniciones comprometidas y desde luego, de una gran violencia. Las vacilaciones no conducen más que al fracaso” (Directrices para Marruecos). “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo”. Afortunadamente, los acontecimientos en La Roda se desarrollaron sin derramar ni una gota de sangre ya que la conspiración había sido todo un éxito. La entrega pacífica del Ayuntamiento de La Roda a la Guardia Civil fue el punto culminante de unos preparativos perfectamente planificados tanto desde la cúspide militar, como por los cabecillas locales.
En el Archivo Histórico de Albacete se conservan muchos expedientes de los Tribunales Populares que contienen interesante información sobre los primeros días de la sublevación en la provincia. Por todos es de sobra conocido que el día 20 de julio amanece con una España dividida fruto del fracaso del golpe militar, dándose inicio la Guerra Civil. Como decía anteriormente, la provincia de Albacete será recuperada el 25 de julio de 1936. A partir de entonces, el 3 de agosto concretamente, se constituye un Juzgado Especial para conocer la causa del delito de rebelión militar en Albacete y su provincia. Según el contenido de las declaraciones de los procesados en el pueblo de La Roda, sabemos que una serie de elementos paisanos secundaron la actitud de la Guardia Civil, sublevándose contra el gobierno legítimo de la República.
Gabriel Arce Escobar fue el Jefe del Movimiento que del 19 al 25 de julio triunfó en La Roda, apropiándose del Ayuntamiento, dando órdenes, repartiendo armas de fuego y distribuyendo los grupos facciosos en los diferentes servicios de vigilancia y guardia de la población. Será condenado a la máxima pena aunque no se llegará a aplicar por hallarse en paradero desconocido. Vicente Ortega Marín, dirigente local de Falange, y Jose María Alarcón Rubio, serán condenados a reclusión perpetua acusados de delito de adhesión a la rebelión por haber sido nombrados jefes de grupo. El resto de procesados que apoyaron la sublevación y cumplieron dichos servicios de arresto a elementos de izquierdas y de vigilancia fueron: Venancio Calomarde Hidalgo, Juan Charco Aranda, Miguel Carrilero Ortiz, Emilio Fernández Rodríguez, José Escobar Muñoz, Casiano Navarro Aguado, Juan Serrano Casas, junto a otras procesadas: Sagrario Collado Ballesteros, Sierva Rodríguez Hontecilla y María Purificación Ramírez Onsurbe, que excitaron a la rebelión dando gritos subversivos por las calles de La Roda. Conforme se van instruyendo las causas, aumentará el número de procesados como César y Leopoldo Cadenas, Diego Berruga Cebrián, Aurelio Jiménez Izquierdo, Miguel Mas, Antonio y Jose María Ruiz Picazo, Job Escobar Montoya, Miguel Martínez Martínez, Wenceslao Cebrián Ballesteros, Antón Moratalla Santón, José Valls o Pío Viñas. Según la declaración de Carmelo González Ruiz, fueron unos 150 individuos aproximadamente los que tomaron el control del pueblo en estos días entre dirigentes y personas a su cargo.
El mismo 19 de julio por la tarde, fruto de la excitación y la confusión que se produce con el levantamiento, mucha gente de izquierdas había acudido a la Casa del Pueblo para analizar la situación, reuniéndose a su vez como forma de protesta contra el levantamiento. Aparte de dirigentes y simpatizantes políticos, a la Casa del Pueblo también había acudido gran cantidad de segadores, pues esa misma tarde del 19, habían sido avisados de la sublevación y de que tenían que acudir al pueblo desde sus puestos de trabajo para ponerse al servicio del Frente Popular y defender la República. Inmediatamente se declaraban en Huelga general a través del Sindicato de Segadores 2. Sin embargo, lo que sucede es que aprovechando la aglomeración de elementos izquierdistas, los insurrectos, después de tomar el Ayuntamiento, se dirigen a la Casa del Pueblo para proceder a detener a todos los que allí se encontraban y encerrarlos en las cárceles de la localidad e instalaciones habilitadas para tal efecto.
Los sublevados a su vez, proceden a publicar un bando a través de Alcaldía solicitando a todos los ciudadanos rodenses la entrega inmediata de cuantas armas poseyeran, siendo repartidas desde el mismo Ayuntamiento entre simpatizantes falangistas y obreros y siervos a cargo de los líderes rebeldes. En días sucesivos se procedería a la detención en sus domicilios de todos aquellos sospechosos de defender ideales marxistas que no hubieran sido localizados previamente en la Casa del Pueblo. Los insurrectos armados también recibían órdenes de no permitir la existencia en las calles de grupos de más de tres personas, además de disparar si veían movimientos sospechosos. Aparte de la práctica de detenciones y vigilancia de calles, también procedieron a controlar los puntos neurálgicos de la localidad, entradas y salidas de la misma, del Banco Español de Crédito, Estación de Ferrocarril, Ayuntamiento, Cuartel de la Guardia Civil, etc.
Por lo que respecta al control de la Estación de Ferrocarril y al personal de la misma, sabemos que los trabajadores ferroviarios (factores), también se declaran en Huelga general a través del Sindicato Nacional Ferroviario como protesta contra el Movimiento. Todos ellos serán detenidos por los sublevados y encarcelados en la Prisión Provincial hasta el 25 de julio, excepto los que apoyaron la insurrección, que fueron: el Jefe, Manuel Torrano Fernández, y los factores Juan Antonio Ochoa Collado, Virgilio López García y José Belmonte Fernández. Una vez que la provincia es recuperada por tropas leales a la República, se constituirá un Comité de Control Ferroviario de la Estación; entre otras tareas, procederá igualmente a la detención de los ferroviarios que apoyaron la sublevación. Aunque no tardaron en ser puestos en libertad, el 22 de septiembre el Comité emitía una resolución por la que se procedía a la depuración del personal desafecto a la causa republicana.

1Gómez Florez, Andrés, La Ciudad Inventada. Albacete en la Guerra Civil, Albacete, 2002 (pág. 56)

2Procedimientos sumarísimos de Atanasio Sotos Atienza (Mataladrillos) y Prudencio Castillo Zalve, que se hallaban segando en Tasoneras y Casa del Señor respectivamente.

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