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Represión franquista vs. represión republicana

      Con el fracaso del golpe de Estado asistimos a una explosión de violencia en territorio español que ya venía gestándose tiempo atrás. A la semana de haberse producido la sublevación, la provincia de Albacete, incluida La Roda, cae en manos republicanas hasta el final de la guerra. Este territorio se convierte de esta manera en zona de retaguardia permanente, sin frente. Será la razón fundamental que explique por qué la mayoría de muertes que se producen entre agosto y septiembre de 1936 son de personas de filiación política conservadora, de derechas, incluida la persecución a miembros del clero. En la retaguardia republicana es normal que no se produjeran muertes de civiles de izquierdas, a excepción de hechos puntuales como los bombardeos de la Legión Cóndor en Albacete (también en La Roda aunque sin víctimas). La ausencia de represión de derechas en la provincia durante la guerra marcará el imaginario colectivo, consolidado durante el Franquismo, y estigmatizando para siempre lo que ellos llamaron la furia roja, entre muchos otros calificativos.

      Basándome en el estudio de Manuel Ortiz Heras “Violencia política en la II República y primer Franquismo”, voy a analizar brevemente las diferencias entre dos tipos de violencias muy diferentes entre sí: la que se produce en los territorios republicanos y aquélla del territorio franquista o nacional. Ya hemos publicado en algún medio digital un breve análisis con su correspondiente listado conteniendo los nombres de los fusilados en La Roda y Albacete al acabar la guerra civil. Esto bajo ningún concepto tiene por objetivo cuantificar quiénes mataron más; quiénes menos. Se trata de completar aquella parte de la historia que quedó oculta, soterrada y manipulada por la propaganda de los ideólogos franquistas. Por desgracia, el privilegio de escribir la historia está reservado solo a los vencedores. Después de casi cuarenta años de Dictadura, se construyó magistralmente un relato para nada acorde con la realidad. Simplificando mucho, podríamos decir que el Régimen franquista y la Causa nacional acabaron encarnando ideales de justicia, libertad y democracia social, mientras que la República democrática vencida por las armas, representó todo lo contrario. Paradójico cuanto menos.

      No pretendo justificar por qué esto sucedió así, sino simplemente explicarlo brevemente y darlo a conocer, pues, como decía anteriormente, la historia la hacen los vencedores. Parece que casi nada ha cambiado a pesar del tiempo transcurrido. En primer lugar, es necesario saber diferenciar con claridad el Franquismo del Régimen republicano en términos de represión. Según Ortiz Heras, el primero utilizó la violencia de forma premeditada, echando mano de los recursos del Fascismo para llevar a cabo la función social de imponer un determinado modelo eliminando para ello los posibles obstáculos. La II República quiso controlar el monopolio de la violencia apenas recobrado el pulso a las instituciones después del vacío provocado en julio de 1936. Desde las instancias más altas del Estado, y también en el ámbito provincial de Albacete, se dieron expresas manifestaciones para evitar los asesinatos y la venganza, marginales con respecto al Estado y las instituciones republicanas. Se trató por todos los medios de poner fin a las manifestaciones espontáneas de violencia y represión por parte de determinados grupos a través de las sacas y los paseos. Los políticos en esta zona pronto intentaron restablecer el clima de vacío de poder provocado por los insurrectos con la creación de los Tribunales Populares, que ejercerán el monopolio de la violencia y la represión republicana a partir de finales de agosto de 1936. Toda esta explicación no son sólo ideas, está reflejada en los documentos que nos han llegado; es lo que vamos viendo en el trabajo de investigación histórica.

      En el otro lado, el propio carácter de la insurrección le imprime una naturaleza ofensiva y estructural, ya que será organizada desde la cúpula. Será metódica y fría. Continuará después de la guerra y perdurará hasta 1975. En este sentido, las órdenes del General Mola, El Director, fueron claras y contundentes: “El movimiento ha de ser simultáneo en todas las guarniciones comprometidas y desde luego, de una gran violencia. Las vacilaciones no conducen más que al fracaso” (Directrices para Marruecos). “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo” (Planes generales para el alzamiento en Andalucía. Instrucción reservada número uno).

      La represión franquista responde a crímenes contra la humanidad realizados durante la guerra y, lo que es peor, durante la postguerra una vez consolidado el Régimen. Con el fin de la guerra, no se buscó la paz, sino la derrota y la humillación total del enemigo; y así hasta el final de la Dictadura misma. El Franquismo se fundamentó en la victoria y en la aniquilación del adversario. Se creían los garantes de la unidad de España, mientras acusaban a la mitad de la población de anti-española, perpetuando la división entre vencedores y vencidos hasta la muerte de Franco.

       Actualmente hay un intenso debate entre los historiadores sobre si la represión franquista fue un genocidio planificado, incluso un holocausto a la manera nazi. Evidentemente se planificó y se llevó a cabo la liquidación física del adversario político de manera sistemática y premeditada. Nos dicen que debemos ser más precisos a la hora de aplicar términos como el de genocidio u holocausto ya que, desde el punto de vista del Derecho español, la represión franquista no se encuadra dentro de estos supuestos. Pero lo que está claro es que, más allá de los números (que importan, y mucho), la realidad de la represión del bando vencedor responde sin lugar a dudas a la idea de genocidio. Debemos ser conscientes de que las trabas jurídicas en España vienen del pacto de silencio; de aquella Ley de Amnistía de 1977. Ésta es una de las razones que explican que en España los genocidas del Estado franquista se fueran de rositas; también explica que los historiadores seamos criticados cuando hablamos de genocidio franquista. No se trata de teorías o hipótesis, sino de hechos registrados y contrastados en multitud de documentos, testimonios e investigaciones. A pesar del miedo, del terror y de la destrucción de archivos, por fortuna conservamos miles de vestigios que demuestran la realidad del genocidio español.

 

Publicado enAnálisis - Opinión

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