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Revolución, incautación y colectivización (II)

     Aunque sería muy interesante, no tenemos documentos que informen sobre la organización colectiva de los campesinos a la hora de realizar las tareas agrícolas en La Roda. Esto significa que tenemos registros escritos y orales de quejas (eso siempre), pero no del buen funcionamiento de las colectividades y, lo que es más importante, del impacto que esta breve experiencia tuvo en la vida de los campesinos. Sin embargo, aunque no haya datos directos sobre la organización de estas comunidades, disponemos de algunos trabajos con los que realizar estudios comparativos. Aparte del análisis general que para la provincia de Albacete realizó José Deogracias Carrión, también existen otras investigaciones sobre colectividades en los municipios de provincias colindantes como Jaén o Ciudad Real4. Así, podemos establecer comparaciones, con las debidas precauciones, ya que probablemente no hubiera muchas diferencias organizativas entre estos municipios y el de La Roda.

   En primer lugar, hemos de tener en cuenta que la forma de organización de las comunidades campesinas estaba inspirada básicamente en una economía social autogestionada de corte anarquista. Esto daba un alto grado de independencia y libertad a los diferentes colectivos a la hora de organizarse. Lo que desconocemos es si en La Roda, aparte de la autogestión colectiva en las faenas del campo, también se aplicó el comunismo libertario, es decir, la asociación libre de personas en comunas, el modelo de vida puramente anarquista. La respuesta es que, aunque pudo haber intentos para organizar la vida en el campo en sentido libertario, probablemente no funcionase por varias razones: por su carácter utópico, por la falta de tiempo, porque la doctrina libertaria no había tenido ningún arraigo en La Mancha y, sobre todo, porque se trata de una nueva cosmovisión cuya parte económica estará fuertemente marcada por el devenir de la guerra. Además, conforme vaya ganando terreno el Partido Comunista, se dará prioridad a ganar la guerra, quedando la revolución en un segundo plano. Esta problemática dará lugar a la primera guerra civil republicana dentro de la Guerra Civil española.

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     Contra todo pronóstico, la primera colectivización de la que tenemos noticias en La Roda se realiza por el PC en Santa Marta. En los primeros momentos, el PC se sumará tímidamente a este proceso revolucionario para poco después desmarcarse tras decidir que hay que postergar la revolución para poder ganar la guerra. Y aquí me detendré brevemente para aclarar esta cuestión. Hemos de recordar que el peso del PC en la España prebélica era insignificante. Su poder aumentará considerablemente porque la URSS fue el único país que decidió apoyar abiertamente a la República. Nos han desinformado y manipulado tanto con respecto al comunismo o al Partido Comunista, que mucha gente no puede entender el verdadero papel de la URSS en la España republicana y sobre todo, comprender una realidad muy diferente a la que nos han contado: que el PC luchó en contra de la revolución en España. ¿No fue al fin y al cabo, Rusia, el primer país donde había triunfado la revolución obrera y sus líderes revolucionarios acabado con la Rusia zarista?

     Los objetivos de la nueva URSS poco tenían ya que ver con el leninismo; mucho menos con la doctrina de Marx. Para el comunismo de corte estalinista, la revolución ya estaba hecha. Además, Stalin nunca vio con buenos ojos la expansión de la revolución obrera más allá de sus fronteras. Para garantizar la salvaguarda de las fronteras de la URSS, frente al expansionismo alemán e incluso italiano, Stalin priorizó la alianza con las democracias occidentales; esta táctica implicaba anteponer la seguridad de su territorio frente a la expansión de la revolución. La consecuencia de todo esto fue la persecución del comunismo trotskista (el POUM en España) o de las feroces purgas que se producen a finales de los años 30. En la URSS, la revolución ya había acabado; y España no iba a ser menos.

     La Unión Soviética necesitaba impedir la derrota de la República, pero también deseaba evitar una victoria rotunda de la izquierda revolucionaria española5. Así, primero durante los gobiernos de Largo Caballero, pero sobre todo durante los de Juan Negrín, el PC apoyará al régimen republicano, iniciando un proceso de concentración y centralización de poder, olvidándose de la revolución para ganar la guerra a toda costa. Aunque el PC apoye las incautaciones estatales, no verá con agrado la colectivización de fincas y negocios al margen del Estado y siempre apoyará al pequeño propietario. Por su parte, el movimiento obrero y campesino más radical se sentirá traicionado y acusará al PC, tras la involución estalinista, de ser el responsable más directo (y no el fascismo) de acabar con el sueño revolucionario y hasta incluso de la derrota miliar; pero estas conclusiones ya forman parte de otro capítulo.

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     Continuando con el tema que nos ocupa, la disparidad en cuanto a los criterios de reorganización del régimen de propiedad de las tierras incautadas, por no hablar de la forma de explotación de las mismas, fueron una fuente permanente de conflictos y desórdenes. Esto es así debido al desconcierto de los primeros momentos y también porque cada grupo se organizó como buenamente pudo. Como muy bien apunta Malefakis:

el rápido hundimiento del sistema agrícola tradicional no significó su sustitución por un nuevo sistema económicamente viable. La colectivización masiva de tierras eran incapaz por sí misma de restaurar la estabilidad económica y social 6.

     Solamente conservamos un dato positivo que, como veremos, se refiere a un superávit  en la producción del molino de harina de Santa Marta en diciembre de 1936. Respecto a las quejas, representantes de partidos y sindicatos escriben constantemente al Comité (luego al Consejo Obrero), para que controle la marcha de las fincas y negocios incautados, sin aportar más datos. Por ejemplo, se solicita al Comité que se averigüe dónde se encuentran las llaves de las casas y bodegas incautadas. Por otro lado, Izquierda Republicana denuncia prácticas especuladoras pidiendo que se investigue si en el pueblo existen fábricas o intermediarios que compran cereales a precio más bajo de el tasado. Esto pone de relieve que el abastecimiento de productos de primera necesidad generó muchos problemas sobre todo a partir de 1937. El estraperlo y la economía sumergida serán una constante hasta el final de la guerra.

     La precariedad y la pobreza comenzaron a ser tan graves que para garantizar los pagos, se tuvieron que inventar soluciones de emergencia. Aunque el uso del dinero no desapareció, la moneda estaba tan devaluada que aparecen otros medios de pago más flexibles, sobre todo en la escala local, como los famosos vales. En La Roda, el Consejo municipal emitió vales por valor de 1 peseta, 50 y 25 céntimos 7. Desconocemos si las colectividades rodenses también los emitieron, pues nos consta que muchas otras lo hicieron. Junto a estas formas de intercambio, la economía del trueque, la primera inventada por el hombre, seguirá funcionando e incluso su uso se intensificará en estos momentos.

albacete guerra civil
Vale de 1 peseta emitido por el Consejo municipal de La Roda

    Al igual que la violenta represión va a comenzar a ser controlada por los Tribunales Populares, la fiebre incautadora y colectivizadora de fincas rústicas e industrias derivadas, también comenzará a ser supervisada y centralizada a través de la Delegación de Reforma Agraria de Albacete, controlada ahora por el PC. El 4 de septiembre de 1936 se formaba un nuevo gobierno encabezado por el socialista Largo Caballero que tendrá dos ministros comunistas; uno de ellos, Vicente Uribe, al frente de la cartera de Agricultura. Al poco, el 25 de septiembre, una delegación de Albacete llegaba a La Roda para dar carácter oficial al Consejo Obrero de Administración de la Reforma Agraria para las fincas rústicas incautadas e impedir que en lo sucesivo el Comité de Enlace interviniese, excepto en ocasiones extraordinarias.

   Como vemos, se produce una multiplicidad y solapamiento de funciones asumidas por distintas instituciones y organizaciones que irá simplificándose, sobre todo, a partir de la promulgación del Decreto Uribe y de la fusión del Comité y del Ayuntamiento en marzo de 1937. Con la promulgación del Decreto de 7 de octubre de 1936 de Expropiación de Fincas Rústicas, aparte de dar carácter oficial a las incautaciones, el Comité de Enlace dejaba de tener la exclusividad en esta materia. El famoso Decreto Uribe, decía en su artículo 2º:

Para la determinación de las personas incursas en las medidas que se señalas en el artículo anterior se reunirá, en cada término municipal, una Junta calificadora, integrada por el Ayuntamiento, el Comité del Frente Popular y una representación de cada una de las organizaciones sindicales de obreros del campo y agrupaciones de pequeños cultivadores y colonos, legalmente constituidos. Dicha Junta formará la relación de propietarios que, por haber prestado su colaboración en cualquier forma al movimiento subversivo, o su ayuda con recursos en moneda o especie, auxilios, servicios, confidencias o simple resistencia o desobediencia a las disposiciones o acuerdos del Gobierno legítimo de la República, deban ser clasificados como enemigos del régimen y comprendidos en el grupo de insurrectos a que se contrae el artículo primero. Estas relaciones, con la propuesta razonada para cada inclusión, serán elevadas a la Junta provincial y, con el informe de la misma, transmitidas al Gobierno, quien dará estado oficial en la Gaceta de Madrid a los nombres de las personas que definitivamente deban a sí ser clasificadas.
Contra la declaración de insurrecto a que se contrae este artículo cabrá un recurso, al solo efecto de rectificación de conceptos, ante el Ministro de Agricultura, previo informe de las Juntas municipales y provinciales correspondientes.

  Con este Decreto, la propiedad de las tierras incautadas (sin derecho a indemnización) pasa a ser propiedad del Estado y su uso o aprovechamiento quedarían en manos de las diferentes organizaciones obreras y campesinas, respetando a la vez al pequeño propietario que, dicho sea de paso, fue uno de los grandes perjudicados en este proceso. Tras el Decreto, se consolidan y centralizan las anteriores actuaciones en materia de incautación pero también el Comité y las colectivizaciones perderán su independencia; es decir, con el objetivo de restaurar la legalidad republicana, se controla la revolución pero sin anularla.

   Un mes después de la promulgación del Decreto, concretamente el 10 de noviembre, el Ayuntamiento en Pleno instaba a los diferentes partidos y sindicatos de la localidad para proceder inmediatamente a la constitución de la Junta Calificadora municipal. La Junta gestionará todo lo referente a informes de conducta política y moral para proceder con las incautaciones, informando a la Junta Provincial del Instituto para la Reforma Agraria (IRA), para posteriormente publicar los listados en La Gaceta. Por su parte, ahora será el Consejo Obrero de Administración de la Reforma Agraria el encargado de llevar a la práctica las incautaciones aprobadas, proceder a la realización de inventarios y al reparto de las tierras entre las organizaciones obreras y campesinas.

    Para acabar este artículo, analizaremos lo que sucedió a grandes rasgos (por falta de documentación) en las fincas de Santa Marta, dada su importancia y el empeño puesto por el Comité tanto en su control como en su buen funcionamiento. Es obvio que no analizaremos aquí todas las incautaciones que se realizan porque para ello necesitaríamos una investigación aparte. El mismo 3 de agosto era nombrado Delegado administrador de la Pedanía de Santa Marta, Manuel del Campo Martínez, hermano de Deusdedio del Campo; además, se solicita a la Federación de Bolsa y Banca de Albacete, el envío urgente de un contable para la administración y desenvolvimiento comercial e industrial de Santa Marta. La finca fue entregada para su administración y buen funcionamiento de la recolección y distintas faenas agrícolas a los siguientes miembros de la representación comunista: Jose Antonio Talavera, José Jiménez Collado, Jose Jareño Galiano, Pedro Tébar y José Fernández Moreno.

    Frente a la posibilidad de poder obtener un crédito amortizable de 600.000 pts. del IRA, se procedió a la tasación de la finca de Santa Marta. Así, se realizó un inventario y una certificación administrativa del Comité de Enlace, conteniendo además la extensión total de la finca y la cantidad aproximada de producción, entre otros aspectos técnicos que no conservamos.

    Se procedió a la distribución de granos de la finca Casa Berruga, embargada por el agente recaudador de Hacienda, aunque ésta pertenecía al término de Munera. Los terrenos de Santa Marta abarcaban los términos de La Roda y Munera y se llegaron a acuerdos entre ambas localidades para la administración y recolección de granos de las diferentes aldeas. La teja y el trigo serán entregados para su molturación (o molienda) a la finca de Santa Marta.

    Poco después, el administrador judicial de la finca interponía una denuncia sobre ciertos hechos delictivos que se cometían en la misma por los segadores que allí realizaban sus faenas. Un grupo delegado del Comité abriría una investigación sobre el estado de administración y la situación económica de las aldeas de la finca, con el objetivo de solucionar el descontrol que había.

    En octubre los molineros sindicados solicitaban al Comité de Enlace el pago de los jornales atrasados desde el inicio de la guerra. El Comité aceptó pero nuevamente se volvió a enviar una Comisión para averiguar la conducta y rendimiento de trabajo de los molineros.

    A principios de noviembre de 1936 se producía un hito en la historia del movimiento anarquista: la entrada de 4 ministros de la CNT en el gobierno de Largo Caballero. Pronto, a finales del mismo mes, se constituía el Sindicato Único de Oficios Varios CNT-AIT en La Roda. Su sección de obreros campesinos quiso tener representación en la Junta Administrativa de Fincas Incautadas, aunque de momento la petición no fue aceptada. Lo que si se admitió fue la propuesta de la sección de molineros de la CNT para que la fábrica de harinas de Santa Marta fuese cedida y administrada conjuntamente por UGT y CNT, previa formación de un Consejo de administración o Comité de control de dicha fábrica. A finales de diciembre de 1936, las cuentas de la delegación de la fábrica de harinas de Santa Marta aportaban un superávit de 43.348 pts. En adelante, ambas sindicales firmarán otros acuerdos (que no conservamos) para trabajar conjuntamente en los gremios de cabreros y de albañilería.

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Acuerdo colectivización mixta CNT UGT

     Este superávit se hace más importante todavía si cabe, si tenemos en cuenta que las colectivizaciones surgieron de manera radical y espontánea en un contexto de guerra. Los territorios de la Mancha se convirtieron en el granero de la República pero la producción pronto se reveló insuficiente para abastecer tanto a la población local como para satisfacer las necesidades en los frentes. Como veíamos, los problemas de desabastecimiento generaron a su vez la práctica especulativa y el mercado negro. Además, una buena parte de la población masculina de entre 20 y 50 años se había marchado al frente, quedando reservado el duro trabajo del campo a hombres demasiado envejecidos. Esto a su vez explica que muchas mujeres se tuvieran que incorporar a las faenas agrícolas.

     Fruto de la guerra también, el 9º Batallón de la Brigada Internacional sería destinado para su instrucción a la pedanía de Santa Marta. Según la denuncia que en enero de 1937 envía el Comité de Enlace al Estado Mayor de las Brigadas de Marta, algunos brigadistas se dedicaron a saquear y destruir todo lo que pudieron: siembra, arbolado y madrigueras, hurto de jamones y otros, como la invasión de las casas de los campesinos allí residentes, amenazas de muerte, etc. Por si esto fuera poco, un grupo de refugiados de guerra también fue ubicado en la pedanía de Santa Marta. A finales de enero, un delegado de Orden Público iba a la aldea para investigar lo que estaba sucediendo. En los documentos no se expecifica qué sucedía concretamente, aunque no es difícil de imaginar. Por esta fecha también, Izquierda republicana requería que las sindicales CNT y UGT fuesen investigadas porque en ellas hay individuos que poseen fincas y negocios con obreros permanentemente a su cargo. Esto es debido a que los pocos sospechosos de desafección al régimen republicano que en estos momentos quedaban en libertad se habían afiliado a los diferentes sindicatos de izquierdas. La actividad represiva se empezará a centrar en el control de los individuos potencialmente desafectos.

     En definitiva, habida cuenta de la guerra y el descontrol, las colectivizaciones difícilmente pudieron funcionar. Analizando cada caso de manera individual, podríamos decir que algunas funcionaron mejor y otras peor, partiendo de la base de que nacieron condenadas al fracaso. Algunas se organizaron y obtuvieron buenos resultados, como las bodegas para la fabricación de caldos, la fábrica de harinas de Santa Marta, o el taller de confección, de gestión exclusivamente femenina y tan importante en una economía de guerra; sin embargo, la mayor parte de las colectivizaciones vinculadas a las faenas del campo, funcionaron a duras penas. A la altura de diciembre de 1938, encontramos un documento sobre los trabajos de la siega en Santa Marta muy ilustrativo sobre la situación que venimos describiendo:

 (…) que tanto las prevenciones, sistemas y medios coactivos para llevar a cabo la siega fueron estudiados y puestos en práctica por el Comité Agrícola y Alcaldía. Por esta última se trabajó incesantemente porque se cumpliera lo previsto, llegando a imponer sanciones. Que el conocimiento del caso de la Pedanía de Marta, donde aun se hallaba bastante mies sin segar, fue producto de una inspección de Alcaldía la cuál inmediatamente actuó en forma a su parecer conveniente. Que no teniendo a quien culpar de lo anormal de la siega y reconociendo que esta anormalidad habrá sido producida por lo anormal de las circunstancias, pero si por otro lado pudiera estimarse responsabilidad en alguien, entiende debe elevarse queja a la autoridad gubernativa, para que abra informe y responsabilice al culpable o culpables del daño social producido8

   Siempre ha existido en el imaginario colectivo la idea de que las colectivizaciones, sobre todo de fincas rústicas, fue un fracaso. Se decía que compartir los frutos de tu trabajo con personas que no trabajan o no rinden (tanto por los oportunistas que se aprovechan de la situación, como por los que simplemente no son válidos para las faenas agrícolas) no funcionaba. Los testimonios orales hay que tomarlos con cautela, después de haber transcurrido tanto tiempo, aparte de estar inmersos en un contexto histórico bélico tan complejo, lleno de partidismos y de recuerdos distorsionados e incluso manipulados; a veces consciente, otras, inconscientemente. Pero aunque la tradición oral nos genere cierta desconfianza, desde mi punto de vista, algo de cierto había en estos rumores.

     José Deogracias Carrión tuvo la suerte de poder entrevistarse con muchos colectivistas allá por los años 80. Por desgracia, hoy ya es imposible encontrar a alguien que te pueda ofrecer su testimonio. Finalizaré este trabajo con un extracto de su investigación:

En un principio los colectivistas carecieron de preparación suficiente para abordar los problemas y las funciones específicas que requería la colectivización. Con posterioridad se fueron adaptando (…) Muchos campesinos se incorporaron a las colectividades por tener cubiertas sus necesidades. La mayor parte de los colectivistas eran jornaleros, generalmente los más pobres de los pueblos. Las colectividades agrarias supusieron para sus vidas un cambio significativo. Algunos me comentaban: éramos tan pobres que solo teníamos nuestros brazos 9

     La utopía de la revolución acabó tan rápido como había empezado. ¿Qué hubiera sucedido con ella si el bando republicano, con un PC pujante, hubiera ganado la guerra? Como esto pertenece al mundo de la historia-ficción, ahí lo dejo para la reflexión personal.


4Para más información ver: Trujillo Díez, I.J., Colectividades agrarias en la provincia de Ciudad Real, Biblioteca de Autores Manchegos, 2003; Garrido González, L., Colectividades agrarias en Andalucía Jaén, Universidad de Jaén, 2003

5 Preston, P., La guerra civil española: reacción, revolución y venganza, Debolsillo, Barcelona, 2010, (pág. 160)

6 Malefakis, E., Reforma agraria y revolución campesina en la España del siglo XX, Ariel Historia, 1980 (pág. 438)

7 Para este ampliar interesante tema ver: Vico Belmonte, A.P., Sistema Monetario de la Segunda República durante la Guerra Civil y su sustitución por el Papel Moneda en la provincia de Albacete, en Actas del XIII Congreso Internacional de Numismática, Madrid, 2005

8 Acta del 28 de diciembre de 1938 del Ayuntamiento en Pleno

9 Carrión Íñiguez, J.D., Las colectividades agrarias en la provincia de Albacete durante la guerra civil, 1936-1939, Centro de estudios de Castilla- La Mancha (pág. 47)

 

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