domingo, 22 de diciembre de 2013

Partidos y agrupaciones políticas en La Roda durante los primeros años de la República

     
     Es interesante ver cómo tras la proclamación de la II República asistimos a un proceso de adaptación de las viejas élites de la Restauración hacia los nuevos partidos republicanos. Manuel Requena ha estudiado en profundidad este fenómeno de “transfuguismo” de los políticos tradicionales para acomodarse al nuevo régimen republicano. Muy ilustrativas de esta realidad fueron las palabras pronunciadas por Unamuno, que en su visita a Albacete en 1934, llegó a decir que “no fueron los republicanos quienes trajeron la República; ha sido la República la que ha traído a los republicanos”.
     La derecha no republicana tuvo serios problemas para reorganizarse tras el 14 de abril debido al abandono de la actividad política de algunos de sus dirigentes. Su poder había sido erosionado, pero no había desaparecido en absoluto. En las áreas rurales siguieron funcionando los viejos métodos caciquiles, pero poco a poco se abrió camino en las derechas la organización de los partidos de masas y de campañas electorales animadas por una propaganda adecuada para atraerse a la opinión católica, dominante en amplias zonas de la Meseta castellana.  Destacados caciques como Jiménez de Córdoba, optan por refugiarse en el Partido Radical, o Job Escobar en el Partido Republicano Liberal Demócrata. Otros encabezan la representación de los intereses agrarios, a menudo en relación con Acción Nacional, y su heredera, la CEDA. Este fue el caso de Pedro Acacio, propietario muy influyente en La Roda y comarca [1]o de los rodenses Enrique Escobar Hore y Aurelio Jiménez Izquierdo, que serán respectivamente en 1932, Presidente y Vicepresidente de la Unión Agraria Provincial [2]surgida al calor de la contrarreforma agraria.Tras una intensa campaña propagandística, abría sus puertas Juventud Católica en La Roda, cuya sede era inaugurada en septiembre de 1933. Con este resurgir del asociacionismo católico se creaba también la Asociación Católica rodense de Padres de Familia o el sindicato Sociedad de Labradores de Santa Marta.
     Los demás partidos derechistas surgirán a partir de 1933 y tendrán escaso arraigo como Falange o Renovación española. Respecto a Falange, destacar su presencia en la primavera del 36 por su radicalización y constantes provocaciones. Sus agrupaciones fueron poco numerosas y mayoritariamente de tipo juvenil. En La Roda, la mayoría de sus miembros participarán en la rebelión militar del 18 julio y apoyarán a los insurrectos [3].
     En La Roda, la mayoría de los antiguos monárquicos pasaron a integrarse bajo las siglas Partido Republicano Liberal Demócrata. En nuestro pueblo, este partido aparece, presidido por Job Escobar, en diciembre de 1931, estando su sede ubicada en Ramón y Cajal, nº 14 [4], aunque en Albacete funcionaba desde 1913. Su punto de encuentro había sido el Café Sociedad Gran Peña, pero en abril de 1932 le cambian el nombre por el de Café Sociedad del Círculo Republicano Liberal Demócrata[5], también en Ramón y Cajal. La composición profesional del comité estuvo formada por comerciantes,  industriales y profesionales liberales, es decir, clases medias acomodadas y escasa presencia de obreros o empleados.  Así tenemos a Job Escobar, Wenceslao Cebrián o Joaquín Salvador [6]. El tesorero, Julián Viñas Sevilla, ocupó el mismo cargo en la organización patronal Unión Agraria de La Roda.
     El partido de Alejandro Lerroux, Republicano Radical, se constituía en La Roda por algunos personajes procedentes de organizaciones de izquierdas, como su Presidente, Miguel Servet Díaz Basauri, antiguo azañista. El Partido, creado en abril de 1932 [7], completó su organización con agrupaciones juveniles, la prensa y los casinos radicales. En enero de 1933, la Asamblea de las Juventudes Radicales inauguraban su sede en La Roda. Su presidente, Emilio Torrano, representaba a la organización en la Junta provincial. El número de republicanos radicales era reducido y nada se hubiese logrado sin el acceso mayoritario de dinásticos, como los Jiménez de Córdoba. En estos cambios tuvieron más importancia las relaciones personales que las divergencias ideológicas.
     La evolución de los partidos republicanos de izquierda en la provincia de Albacete siguió el modelo nacional. A comienzos del 1931 casi todas las fuerzas políticas estaban agrupadas en torno a los tradicionales Círculos republicanos y en Alianza Republicana,  plataforma política que agrupó a diversos partidos y agrupaciones de carácter republicano durante la Dictadura. En 1931 presidentes del Círculo republicano local fueron Juan López Carrasco y Miguel Servet Díaz Basauri [8], o el profesor Ramón Llistó Calvo en 1932. Su punto de encuentro, el Café Sociedad, estaba en el Paseo De Ramón y Cajal nº 6 (antiguo edificio de la maestra María Onsurbe)[9] . En junio de 1931 quedaba inaugurada también la residencia de la Juventud Republicana en Ramón y Cajal nº26, (antiguo Café Bar Flor). Algunos de sus miembros fueron Lara García, Deusdedio del Campo, Calero, Lucas Piñero, Erans Moragón, etc. En vísperas de la proclamación de la República, la Alianza Republicana se diluyó en los diferentes partidos que vamos viendo. Por ejemplo, la mayoría de los concejales de la nueva Corporación que se constituya el 5 de junio de 1931 serán de Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña. El presidente de Acción Republicana en noviembre de 1930 era Miguel Servet Díaz, su Secretario Deusdedio del Campo, el Tesorero Eloy Calero Millán y el Contador, Ramón Llistó Calvo.
     El régimen de libertades instaurado después de proclamarse la Republica, la presencia de tres ministros socialistas en el Gobierno y de un partido con una estructura organizativa preparada para hacer proselitismo y captar afiliados, posibilitó un incremento espectacular del Partido Socialista durante el primer bienio. Además, también se benefició de la debilidad de los partidos a su izquierda que no pasaron de ser grupúsculos aislados, como el Partido Comunista. La oposición por la izquierda a los socialistas no le vendría por el lado político, sino por el sindical, a través de la poderosa organización obrera, CNT, que hacía de la revolución social la meta del sindicalismo, aunque de escasa implantación en la provincia de Albacete antes de la Guerra Civil.
     El Presidente del Partido Socialista en La Roda en 1931 era el maestro Arturo Silva Castro[10] , miembro destacado junto a otros líderes posteriores del socialismo rodense como Antonio Gómez Irimia o Deusdedio del Campo Martínez, que serán respectivamente presidente y vicepresidente del Comité en enero de 1933.  Aunque desconocemos la fecha exacta de su fundación, en diciembre de 1931, el Partido Socialista de La Roda contaba ya con un total de 48 afiliados [11] . La agrupación evidentemente no estuvo compuesta por grandes propietarios e industriales, sino por gentes más humildes procedentes del mundo obrero. Excepto Deusdedio del Campo, un profesional liberal procurador en tribunales, la mayoría de sus miembros fueron albañiles, jornaleros, agricultores, mecánicos, silleros, etc. La relación de los socialistas con los grupos de presión se ciñó al control del sindicato ugetista y los vínculos de algunos de sus componentes con la masonería. UGT La Roda, fundado por Silva Castro  [12], desde principios de 1930 ya goza de un significativo arraigo en esta localidad sobre todo a través de la Casa del Pueblo (sita en el antiguo Salón Novedades) o la Sociedad Obrera. Sus organizaciones más destacadas fueron La Sociedad de Profesiones y Oficios Varios [13] y el Sindicato de Albañiles “El Trabajo”. Las reformas sobre cuestiones agrarias llevarán a muchos ugetistas a ingresar en la Federación Nacional de los Trabajadores de la Tierra (FNTT), sindicato también vinculado al socialismo, y que en La Roda se identificaría como Sociedad de Obreros Labradores “El Campo”. El socialismo rodense también disponía de un grupo juvenil, las Juventudes Socialistas, el sector más radical. En vísperas de la guerra se fusionaron con las Juventudes Comunistas, creando las Juventudes Socialistas Unificadas[14].
     En La Roda no hay constancia de la existencia del Partido Comunista o del sindicato anarquista CNT antes de la guerra. El sindicato CNT se creará en La Roda en plena guerra civil y, como veremos más adelante, habiendo permanecido la provincia de Albacete durante todo el conflicto en manos republicanas (excepto durante la primera semana del alzamiento), estuvo compuesto mayoritariamente por personas de derechas que buscaron en este sindicato refugio y protección frente a posibles persecuciones. Por lo que respecta al Partido Comunista, veremos como crece moderadamente durante la guerra, pues en La Roda su peso específico será prácticamente nulo. Su número de afiliados aumentará sobre todo gracias a miembros desencatados con el Partido Socialista. 
     Es importante destacar la inexistencia de comunistas antes del estallido de la guerra, tanto en La Roda como en buena parte de la provincia, excepto en las comarcas de Villamalea y Madrigueras. A nivel nacional, junto al comunismo libertario de los anarquistas, existía también un sector del Socialismo, el ala caballerista, que se radicaliza progresivamente sobre todo a partir de 1934. La idea lanzada por el Bando Nacional y posteriormente por los historiadores franquistas, justificando su alzamiento militar para acabar con la oleada de comunismo en nuestro país, no es nada más que un mito propagandista sin fundamento. La realidad podría dar a entender que el alzamiento se produjo en contra del régimen democrático que encarnó la II República, caracterizado éste por los vencedores con el apelativo de "comunista". No obstante, hemos de recordar que este régimen fue de tipo burgués, defensor de la propiedad privada, y que poco hizo por avanzar firmemente en las reformas democráticas que anunció. Esto fue minando lentamente la confianza que el pueblo español depositó en ella, pidiendo “pan y justicia” de la mano de organizaciones obreras como la Socialista (de Largo Caballero) o anarcosindicalistas como la CNT. La República que se constituyó en abril de 1931 no destacó por su carácter comunista o marxista, sino única y exclusivamente por su afán de democratizar y modernizar el país. Además, como venimos viendo, la mayoría de sus gobernantes pertenecieron a una clase media aburguesada, católicos en muchos casos,  que con frecuencia se entendieron mejor con las fuerzas conservadoras que con las progresistas. De hecho, nunca acabaron por llevar a la práctica aquellas reformas tan necesarias para su ansiada “regeneración” del país, como por ejemplo, la Reforma Agraria. Podríamos incluso afirmar que la guerra civil fue un enfrentamiento entre las cúpulas tradicionales de poder y una inmensa mayoría de desposeídos, es decir, una guerra de clases. En este sentido, veremos cómo la incidencia de la represión franquista será abrumadoramente mayor entre las clases más desfavorecidas, especialmente, obreros sin cualificación y jornaleros del campo, que evidentemente se habían significado con la izquierda política. En el momento de la sublevación fascista-militar, los gobernantes y las fuerzas de seguridad fieles a la República estuvieron en una situación intermedia entre ambos polos opuestos. Después, a estos no les quedó más remedio que defender el régimen que representaban, con el indispensable aunque insuficiente apoyo del pueblo.





[1] Moreno Luzón, Javier, Élites políticas y sociedad rural en Castilla La Mancha. Dos siglos de historia, Añil nº1, Cuadernos de Castilla La Mancha, 1993
[2] El resto de cargos se repartió de la siguiente manera: Julián Viñas Sevilla, Tesorero; Federico Giménez Perona, Secretario-Contador; Vocales: Manuel García Sánchez, Alberto López Moreno, Aurelio Collado Ballesteros y Juan Miguel Tévar Piqueras (El Defensor de Albacete, 19-3-32)
[3] Requena Gallego, Manuel y Sepúlveda Losa, Rosa Mª, Del afianzamiento del republicanismo a la sublevación militar, Albacete 1931-1936, IEA, 2005 (pág. 20)
[4] El Defensor de Albacete (4-1-32)
[5] Un grupo de disidentes del Casino de la Amistad fundaba en abril de 1926 el Casino la Gran Peña. Su primer presidente fue Enrique Abad y después lo sería Eloy Calero, ambos industriales rodenses. Para más información consultar Sánchez Picazo, M., Entidades y asociaciones culturales y sociales en La Roda desde la Restauración a la Guerra Civil (Congreso de Historia de Albacete IV- Edad Contemporánea).
[6] El Agricultor Manchego (10-1-32) y El Defensor de Albacete (13-1-32)
[7] El Agricultor Manchego (24-4-32)
[8]Altas y Bajas Industriales, Sección Hacienda, 1926-36. (AHPA- CAJA 11000). Debe haber algún error en el registro de los nombres ya que coinciden ambos (Díaz Basauri y Juan López Carrasco) para la fecha de abril de 1931 como presidentes del Círculo Republicano.
[9] Según el Libro de Actas de la Comisión Municipal Permanente, en marzo de 1931 Deusdedio del Campo, en representación del Círculo Republicano de la villa, solicitaba instalación de grifo de agua para el local, sito en Ramón y Cajal nº 6. Sin embargo, según el registro de altas de Industrias (AHPA- Caja 11000) aparece la dirección Ramón y Cajal nº 2.
[10] El Agricultor Manchego (21-6-31)
[11] Archivo de la Comisión Ejecutiva del PSOE 1931-1940, Relaciones de Agrupaciones Socialistas pertenecientes al Partido Socialista Obrero Español en la provincia de Albacete, 1938. Signatura AH-12-1
[12] El Acta del Consejo Local de Primera Enseñanza de La Roda de 27-5-1933, atribuye la fundación de la Unión General de Trabajadores en La Roda a Arturo Silva Castro. También El Agricultor Manchego (10-4-31).
[13] El Agricultor Manchego publica el 10 de abril de 1931 un artículo sobre la creación de la Sociedad de Profesiones y Oficios Varios, adicta a UGT. Se forma la Junta Directiva que será presidida por Ramón Toboso Chacón.
[14] Requena Gallego, Manuel y Sepúlveda Losa, Rosa Mª, Del afianzamiento del republicanismo a la sublevación militar, Albacete 1931-1936, IEA, 2005 (pág. 25)

martes, 10 de diciembre de 2013

Elecciones de abril de 1931 en La Roda


Tras la Dictablanda de Berenguer, el 13 de febrero de 1931, se formó un gabinete de concentración presidido por el almirante Aznar, quien propuso celebrar elecciones municipales para el 12 abril. El control previo de los Ayuntamientos era básico para los dinásticos a la hora de triunfar en las elecciones a Cortes y consolidar con ello nuevamente la monarquía parlamentaria. Se nombraron gobernadores monárquicos para negociar las listas de acuerdo con los caciques y aunar fuerzas frente a los republicanos.
El 5 abril de 1931 se proclamaban los concejales de la Roda, donde se aplicó el famoso artículo 29 [1], vetando así la candidatura republicana. Este artículo establecía no celebrar elecciones allí donde el número de contendientes era igual al de puestos a cubrir, quedando estos designados automáticamente.  Esta realidad, aparte de reflejar la incidencia del caciquismo, evidencia a su vez, por un lado, la debilidad organizativa de los partidos republicanos de izquierdas en La Roda y, por otro, el esfuerzo entre las diversas tendencias dinásticas para lograr un reparto de concejales sin pasar por las urnas.
La prensa escrita de La Roda, que por aquel entonces apoyaba la candidatura dinástica, poco interés prestó a la campaña electoral al salir los concejales proclamados automáticamente. En el Agricultor Manchego aparece una pequeña referencia en la sección de Variedades que dice así: “Proclamación de todos los concejales por el artículo 29, por lo que ha habido acuerdo en la distribución que corresponde a cada agrupación política” [2]. Los concejales monárquicos, un total de 18, eran los siguientes: Abel Amar Pardo, Amós Gil Pedraza, Juan Cayo Cebrián,  Eloy López Moreno, Juan Miguel Tébar Piqueras,  Enrique Escobar Hore, Jose Joaquín García Martínez, Ricardo Atienza Carrasco, Antón Moratalla Santón, Francisco Diego Berruga, Antonio Carrasco Martínez, Herminio Picazo, Luis Redondo, Andrés Martínez Sáiz, José Escobar Muñoz, Antonio Martínez Martínez, Pedro Ortega Ortega y Wenceslao Cebrián.
Si procedemos a comparar estos nombres con los que aparecen durante la Dictadura de Primo de Rivera, vemos que básicamente permanecen los mismos a excepción de las nuevas generaciones de jóvenes políticos, más o menos conservadores,  a veces emparentados entre sí, que se van incorporando “a filas”. Muchas de estas personas revelan un origen latifundista íntimamente relacionado a su vez con el mundo de los negocios y de la industria local. Los que no procedían de las grandes familias terratenientes, en su mayoría, también eran pequeño propietarios y gerentes, según los casos, de destacadas industrias del municipio. No obstante, Abel Amar Pardo, de profesión labrador, por haber sido alcalde del municipio durante los primeros meses de la guerra, será condenado en juicio sumarísimo a la máxima pena y fusilado el 11 de noviembre de 1939. Andrés Martínez Sáiz y Herminio Picazo Oñate, serán fusilados en agosto de 1936 en la saca de Quintanar. Por su parte, Diego Berruga será condenado a muerte por el Tribunal Popular de Albacete junto al secretario Manuel Ávila Palacios, fusilados ambos en octubre de 1936.
Las elecciones municipales del 12 de abril tuvieron en el país una alta participación, aproximadamente del 67%. El 51% de los concejales eran monárquicos y el 48,5% antimonárquicos. En casi todas las capitales de provincia y en las ciudades más importantes, con mayor margen de libertad política, gana la opción republicana. Debido a la influencia del caciquismo, los monárquicos triunfan en las zonas rurales, como hemos visto para el pueblo de La Roda. Aunque los concejales monárquicos eran mayoritarios, los resultados se leyeron de inmediato como una derrota de la monarquía, pues éstos habían perdido en las ciudades. Las vacilaciones iniciales sobre el significado del resultado electoral se diluyeron cuando las masas proclamaban la República. Esto se debió fundamentalmente al agotamiento de la monarquía y de las plataformas políticas en que se había apoyado. La democracia ya solo podría encarnarse en 1931 en un sistema republicano.
Para contribuir a la consolidación de la República, en la provincia de Albacete se nombró un Comité que asumiese provisionalmente el control y  elaboró un manifiesto dirigido al pueblo donde pedían colaboración para asegurar el tránsito a la República. Con ello se reconocía públicamente el protagonismo del pueblo y su papel en el mantenimiento del orden. En La Roda el Gobernador Civil se adelantó a la toma de posesión de los nuevos concejales al requerir telegráficamente del Comité Republicano-Socialista su presencia en el Consistorio, nombrándose una Comisión Gestora para regirlo provisionalmente hasta la celebración de nuevas elecciones municipales. De esta manera, el 16 de abril se creaba la siguiente Acta de Constitución del nuevo Ayuntamiento o Comisión del Partido Republicano de la Villa:
“ (…) Se personan en esta Casa Consistorial los Señores D. Juan López Carrasco y los Señores del Comité del mismo, Vicente Arenas Ortega, Deusdedio del Campo, Agustín Ruiz Martínez, Lino Ramírez Belmonte, Antonio Montero Montero, Gonzalo Perona Giménez, Antonio Gomez Irimia, Juan Carretero Lillo y José Fraile Moreno, escribiendo un acuerdo tomado por dicha Comisión que dice así:
 “Urgente= Gobernador Civil interino a presidente Comité Socialista-Republicano= No pudiendo constituirse este Ayuntamiento por tener noticias de que hay protestas por la elección, en su defecto han de nombrar un individuo del Comité Republicano-Socialista por cada distrito electoral que hacía las veces de Ayuntamiento hasta que se resuelvan las protestas”  [3].
Según consta en el acuerdo de dicha Comisión acuerdan reducir a tres, las personas que harán las veces de Ayuntamiento hasta que se resuelvan las protestas, ya que en este sentido se ordena en el telegrama al que desde luego dicho Comité presta obediencia por estimar su carácter oficial siendo designados al efecto: Deusdedio del Campo Martínez, Vicente Arenas  Ortega y Agustín Ruiz Martínez, son los que han de formar este Ayuntamiento. El antiguo alcalde, Enrique Escobar, entrega las insignias del cargo. Toman posesión los tres y se hacen cargo de la Administración y dirección de esta Villa. Se proclama un VIVA LA REPÚBLICA, que es contestado por el público que asiste al acto” [4].



En cuanto al origen socio-económico de los nuevos concejales, republicanos o socialistas, podemos observar cierto cambio con respecto a los políticos tradicionales. Ya no estamos hablando de grandes propietarios latifundistas sino que responden en su mayoría al perfil del profesional liberal, como Deusdedio del Campo, procurador; junto a algún industrial como Vicente Arenas o José Fraile; Antonio Montero Montero fue relojero; otros provendrán más directamente del mundo obrero, como Antonio Gómez Irimia “El mecánico”. Todos serán sometidos a juicios sumarísimos una vez acabada la guerra. Deusdedio del Campo y José Fraile fusilados; Juan Carretero Lillo, condenado a 20 años de reclusión, moría en mayo de 1941 en la prisión central del Puerto de Santa María; Antonio Gómez Irimia, alcalde desde marzo de 1937 hasta el final de la guerra, huyó en el Stanbrook desde Alicante rumbo a Argelia. (En artículos sucesivos se irá concretando lo que sucedió, en la medida en que los documentos lo posibiliten; por desgracia éstos ni mucho menos proporcionan todas las respuestas).






[1] La Ley electoral de 1907, diseñada por Antonio Maura para propiciar una “revolución desde arriba”, contenía dos artículos bastante negativos desde un punto de vista democrático: uno, que pedía grandes exigencias económicas para ser votado; otro, concretamente el artículo 29, establecía que en los lugares con un único candidato, ése pasa a ser diputado inmediatamente, lo que provoca una alta abstención, ya que los caciques sólo presentan un candidato.
[2] El Agricultor Manchego (12-4-31)
[3] Las protestas se refiere a que había salido candidatura de derechas en virtud del art. 29 y en vistas de la proclamación de la República, el Gobernador Civil insta a crear un comité con miembros de izquierdas. Posteriormente se configura el primer Ayuntamiento compuesto por republicanos en su mayoría de Acción Republicana.
[4] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesión 16-4-1931


miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Roda antes de 1931

     El periodo que tradicionalmente viene siendo conocido en nuestro país como la Restauración, encarnó una forma de organizar el sistema político, de manera más o menos estable a cambio de sacrificar la eficiencia administrativa y la democracia política. Con el beneplácito del monarca, los partidos turnantes, conservadores y liberales, regularon sin ninguna dificultad la vida política del país ante el intrascendente papel jugado por republicanos y socialistas. Funcionaron como clientelas políticas o amigos políticos, cuyas conexiones se basaron en los favores mutuos y en las influencias caciquiles. Los conservadores atrajeron a un amplio grupo de latifundistas y además contaron con más prensa que los liberales en el último cuarto del XIX y primera década del XX [1].
     Con respecto a la Restauración en nuestro pueblo, en el Agricultor Manchego, periódico rodense  conservador, con motivo de la muerte de Enrique Escobar, aparece un artículo donde se hace referencia a las familias tradicionales de La Roda, que se fueron turnando alternativamente en el poder, siendo las encargadas de gobernar a una mayoría de población  ignorante de las ideas que representaban dichas sagas familiares: “nuestros convecinos, sin más conocimientos de partido, es decir, sin saber si eran liberales o conservadores, tradicionalistas o progresistas, monárquicos o republicanos, eran simplemente éstos: Garcías y Escobares. De estos partidos recibían los favores y privilegios y a estos partidos sometían la adhesión de su voto (…).
     El cambio hacia un régimen de tipo dictatorial viene promovido por varios factores: por el desprestigio y corrupción del sistema político, por las implicaciones de la guerra de Marruecos, por el descontento de la patronal debido a la desacertada política económica de los últimos gobiernos de la Restauración y por la conflictividad social. Este panorama hará que un sector del Ejército decida intervenir de nuevo en la vida política española, como tradicionalmente venía haciendo.
     ¿Cómo reaccionaron los políticos rodenses y albaceteños ante el golpe de Primo de Rivera? Pues evidentemente los sectores político-propietarios apoyaron con celeridad al dictador; la prensa no manifestó excesivo entusiasmo; las clases populares permanecieron apáticas y la UGT no realizó acciones de protesta, siguiendo las directrices socialistas. Las adhesiones se sucedieron inmediatamente durante la semana posterior al golpe [2].
     El Directorio llegaba con la pretensión de liberar a la patria de los “profesionales de la política” y restablecer el orden público. Aunque había manifestado en reiteradas ocasiones su decidida voluntad de acabar con los nefastos políticos y el caciquismo, a la hora de reclutar personal civil en Albacete se vio obligado a recurrir a quienes directa o indirectamente, representaban los mismos grupos sociales o intereses que antes.
     No obstante su voluntad de regeneración política, Unión Patriótica, creada en abril de 1924, evolucionó a perpetuar el caciquismo, según denunció el Gobernador, sobre todo a finales de la Dictadura, restableciendo sin dificultad las redes de influencia bajo las antiguas denominaciones políticas. No por casualidad, el jefe local de Unión Patriótica en La Roda sería uno de aquellos caciques de la rama de los escobares, Enrique Escobar. Para intensificar su apoyo al régimen, Unión Patriótica hizo un gran esfuerzo a través de la celebración de mítines de afirmación patriótica y homenajes a Primo de Rivera, quien visitó la provincia de Albacete en septiembre de 1926. Por La Roda pasaría el día 10, acontecimiento publicado por bando del alcalde en aquel momento, Benjamín Martínez, invitando al vecindario a rendir con su presencia el debido homenaje al “Salvador de la Patria” [3].
     En este contexto de consolidación de Unión Patriótica, en junio del año siguiente,  siendo alcalde Francisco Diego Berruga, se produce la visita al pueblo de La Roda del Gobernador Civil organizando para lo cual un fastuoso recibimiento de la mano del señor alcalde, del presidente de Unión Patriótica, Enrique Escobar y de la comisión organizadora. Es muy ilustrativo poder leer en el Agricultor Manchego cómo uno de los oradores pronuncia un discurso en contra de las “libertades individuales, pues gran parte de la tranquilidad que se disfruta es debida a la calma que en nuestras costumbres políticas ha logrado la supresión del pretendido derecho. Un gobierno fuerte dedicado a administrar bien era la aspiración de los mismos que hoy claman por la vuelta de la soberanía popular (…)”. Libertades individuales y soberanía popular, conceptos ambos que las tradicionales cúpulas dirigentes no estaban dispuestas a otorgar generosamente.
     Si los caciques locales y los políticos más destacados en el ámbito provincial se oponían a la concesión de derechos a la ciudadanía es porque ya había voces en el mismo seno de la Dictadura que los reivindicaba. Las transformaciones sociales, aceleradas tras la Gran Guerra, estaban relacionadas con la exigencia de mayor representación y de erradicación de la corrupción electoral y del clientelismo, con un avanzado proceso de secularización de la vida y pérdida en el ámbito urbano de los valores tradicionales vinculados al poder de la Iglesia y de la aristocracia; también con la aparición de los primeros partidos de masa y de grandes sindicatos y la presencia pública de elites intelectuales [4].

     La creciente oposición política, la crítica de los intelectuales, el movimiento de protesta estudiantil y el descontento del Ejército, llevaron a Primo de Rivera a solicitar su dimisión, cesando en el cargo el 28 de enero de 1930. Desde este momento, y hasta la proclamación de la II República en abril del año siguiente, se produce un doble proceso de enfrentamiento y propagandismo político intensos en aras de esclarecer el futuro político del país. Por una parte, a pesar del aislamiento y del agotamiento de la Monarquía, habrá un vano intento de restaurar la Corona. Por otra, se apostará por el cambio y la democratización de la vida política y social.
     Mientras tanto, en La Roda se procedía a la Constitución del nuevo Ayuntamiento en febrero de 1930, eligiéndose interinamente como Alcalde al concejal de más edad: Enrique Escobar. Poco después, por orden del Gobernador Civil se nombraba Alcalde-Presidente a Gabriel de Arce y Escobar.  Los concejales serían: José Escobar Muñoz, Hermenegildo Pérez Valles, Eliseo Graells Maroto, Antón Moratalla Santón, Benjamín Martínez Alarcón, Juan Muñoz Tébar, Juan Miguel Tébar, Leopoldo Cadenas, Ciriaco Carrasco, Ángel Escobar Muñoz y Enrique Abad [5]Estas personas se encuadraron en diversas agrupaciones monárquicas y conservadoras en vísperas de las elecciones de abril de 1931. Una vez proclamada la  República, rápidamente "cambiarán la chaqueta", ingresando en diferentes partidos republicanos de tipo conservador. Todos ellos serán los que organicen y/o apoyen la sublevación militar en La Roda en contra del Gobierno de la República el 18 de julio de 1936, concretamente liderada por Gabriel de Arce y Escobar. Éste, nacido en 1896, fue un latifundista y cacique destacado en la localidad. En 1930 aparece  afiliado a Unión Patriótica y antes de 1936 ingresará en Falange Española. 
     En medio de este panorama de agotamiento de la Corona, incapaz de mantenerse en el poder ni a través del sistema parlamentario ni del dictatorial, las fuerzas antimonárquicas, republicanas y socialistas, se lanzaron a una intensa campaña propagandística bajo el lema de la unidad. La celebración en 1930 del aniversario de la I República fue utilizada por los republicanos albacetenses como punto de encuentro. Realizaron un banquete en la capital al que asistieron representantes de La Roda y otras localidades. En dicho acto se aceptó la formación de un partido republicano único con la finalidad prioritaria de conseguir la República [6].
     Se produce durante este breve período un auge espectacular del republicanismo en agrupaciones y afiliados, muy especialmente a través de los Círculos Republicanos. Destacados líderes republicanos por la derecha fueron Alcalá Zamora o Miguel Maura. No obstante, el nuevo republicanismo tenderá a unirse siguiendo las orientaciones de Azaña, Martí y Giral, a través de Alianza Republicana. Arturo Cortés será el encargado de articular el republicanismo de izquierdas en la provincia de Albacete. En La Roda, en 1930 el Presidente de este partido era Miguel Servet Díaz, que después presidirá el Partido Radical, republicano y conservador [7].  De manera progresiva, los Círculos Republicanos van desapareciendo aunque el de La Roda todavía existe en 1932 con sede en Ramón y Cajal, nº 6,  siendo su presidente el profesor Ramón Llistó Calvo [8]. Estos partidos contaron con una base social de vieja y nueva clase media, de artesanos, ingenieros y profesionales liberales.
     Por su parte en 1930, será el Partido Socialista el que más influencia tenga en la izquierda obrera. Los socialistas alcanzaron un crecimiento leve respecto a 1923. Únicamente se habían creado tres nuevas sedes en la provincia de Albacete, pasando de 9 a 12. El aumento de afiliados se registró sólo en las grandes localidades con presencia del sector industrial, como en la capital, o en poblaciones como La Roda [9]. Esta debilidad inicial se debió básicamente a la influencia de dos factores determinantes: al recorte de sus filas tras la eterna discusión sobre la adscripción a la Tercera Internacional y a su subordinación a la política desarrollada por la sindical UGT durante la Dictadura [10].

     En conjunción con la crisis política del final de la Dictadura de Primo de Rivera, también podemos hablar de la problemática económica, agudizada por la depresión mundial. En La Roda, la grave crisis obrera de tipo agrícola que afecta a la población ya se plantea en sesión plenaria. Para remediar el problema, se propone la construcción del camino vecinal de Fuensanta por Montalvos a la Ctra. Ocaña-Alicante, aunque posteriormente se aplaza la construcción de dicho camino [11]. La “pertinaz sequía”, término que aparece en el Acta, o las condiciones climatológicas adversas, hacen referencia a razones de tipo coyuntural, pues los factores determinantes del paro agrícola y de la crisis económica en definitiva, serían otros.
     La población rodense, al igual que la inmensa mayoría de los habitantes del país, dependían por aquél entonces de la agricultura para vivir. No obstante, podemos hablar de una incipiente industrialización en La Roda, aunque solía tratarse de pequeños establecimientos, a menudo de carácter familiar y muchas veces relacionados con las actividades del campo, bien por proporcionar servicios a agricultores (herrerías, carros) o por transformar los productos agrícolas (bodegas, molinos y fábricas de harina harina).  Sólo en la periferia norte y mediterránea existían condiciones favorables para la agricultura, lo que suponía menos del 10% de la superficie total.  En el resto del país, a través del sistema de latifundio, se seguían concentrando las tierras en unas pocas manos.
     Albacete se clasificaba como una de las grandes provincias latifundistas, comparada con otras. Según los datos del Catastro a 31 diciembre 1930, estos son los datos del término de La Roda referido a fincas mayores de 250 has. Un total de 39.478 has. de término municipal con 13 fincas que ocupaban 14.884 has. (un 37,72% del término municipal). Es decir, una media de 1145 has. por finca. La Roda destacó por el peso de la gran propiedad, al igual que Villarrobledo, municipio de gran interés para la reforma agraria [12]. Afincados en Villarrobledo, grandes latifundistas y caciques de la comarca fueron Pedro Acacio Sandoval y Francisco Jiménez de Córdoba y Arce. Siempre controlaron el devenir político de su zona de influencia: el partido judicial de La Roda, enmarcado en el distrito electoral de Alcaraz.
     En definitiva, la población trabajadora, en medio de una grave crisis económica, sin tierras y prácticamente analfabeta, arrastraba una miserable existencia. Los caciques locales eran los únicos que podían dar empleo y la Guardia civil mantenía el orden como si fuera territorio ocupado. En 1931 el reparto de la tierra y el trabajo agrícola serán el elemento más importante en la conciencia de las clases más desfavorecidas, es decir, la gran mayoría de la población.





[4] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 72)
[5] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesiones 26-2-30 y 4-5-30.
[6] Requena Gallego, Manuel, Partidos, elecciones y élite política en la provincia de Albacete, 1931-1933, Instituto de Estudios Albacetenses, 1991 (pág. 113)
[7] El Eco del Pueblo (20-11-30)
[8] El Defensor de Albacete (13-1-32) y el Agricultor Manchego (10-1-32).
[9] Sepúlveda Losa, Rosa Mª y Requena Gallego, Manuel, Del afianzamiento del republicanismo a la sublevación militar. Albacete 1931-36, IEA “Don Juan Manuel”, Serie IV, Cuadernos Albacetenses, Número 7, Albacete 2005 (pág. 12)
[10] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 74).
[11] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesión 8-12-30.
[12] Carrión, P., Los latifundios en España, Gráficas Reunidas, SA, Madrid, 1932 (pág. 115)

domingo, 1 de diciembre de 2013

EL POR QUÉ DE ESTE BLOG


     A fecha de hoy ya han transcurrido 74 años desde que oficialmente se diera por concluida la Guerra Civil Española. Era un 1 de abril de 1939. Después de casi 40 años de Dictadura y otros tantos de Democracia, finalizando el 2013, todavía es amplio el camino que nos queda por recorrer, para conocer, básicamente, de manera más o menos exhaustiva, qué sucedió, cómo y por qué. 

     Muchas han sido, aparte de documentales y películas, las investigaciones, trabajos y publicaciones de diferentes tipologías que sobre este periodo han ido saliendo a la luz. Por lo que se refiere a los trabajos de investigación, éstos se han centrado sobre todo en el marco nacional y regional. Sin embargo, será en el ámbito local, concretamente en nuestro pueblo, donde podemos constatar de manera más llamativa, el desconocimiento que se tiene sobre este traumático a la vez que interesante episodio de nuestra historia más reciente. 

     Algunos se preguntarán por qué incluir el periodo de 1931 a 1936, el de la Segunda República. La respuesta se hace evidente: no podemos entender la sublevación militar y el estadillo de la guerra si no conocemos sus antecedentes más directos. Si bien es cierto que en 1936 confluyen una gran cantidad de problemas socio-económicos y políticos de índole estructural, es decir, heredados a lo largo de los tiempos (sobre todo del siglo XIX), aquí nos remitiremos a la problemática más visible y concreta que se manifiesta con virulencia progresiva gracias al marco de libertades y democracia que ofrece el régimen republicano de los años 30. Sin ánimo de idealizar lo que fue la Segunda República Española, intentaremos analizar sus virtudes, aunque también sus errores. 

     A pesar de las lagunas existentes, el conocimiento que de la II República y la Guerra Civil Española tenemos en la provincia de Albacete desde los años noventa comienza a ser importante. La labor que el Instituto de Estudios Albacetenses viene realizando en este sentido ha sido decisiva en la multiplicación de publicaciones científicas de gran calidad relacionadas con este periodo. Actualmente disponemos de una gran cantidad de trabajos publicados, de mayor o menor extensión, de tipo monográfico, temático, local, etc. realizados por historiadores, profesionales y eruditos interesados en la vida e historia locales, bastante completa y fundamental a la hora de realizar una primera aproximación e incluso a la hora de profundizar en esta materia. 

     Pero como decía anteriormente, también es grande el desconocimiento existente en nuestro pueblo y ardua la tarea de la investigación histórica. Lo que "sabemos" sobre este periodo en el municipio de La Roda, uno de los enclaves más importantes en la provincia de Albacete, es prácticamente nulo. De esta manera, y a pesar de las referencias que en otros trabajos de la provincia podamos encontrar con respecto a lo que sucedió en esta población, podríamos hablar de un desconocimiento total. No obstante la documentación y los testimonios existentes, pocos han sido los artículos publicados, y menos aún, trabajos de investigación, con respecto a la II República y la Guerra Civil en La Roda. (Las siguientes entradas harán referencia precisamente a la publicación de diversos artículos previos a la aparición de este blog). 

     La ausencia de estudios en nuestro pueblo, contrasta con la existencia de investigaciones y monografías centradas en otros municipios de la provincia, como por ejemplo Almansa, Hellín o Yeste. Para tener una visión más completa de la provincia de Albacete durante este periodo es necesario extender la investigación a otros enclaves fundamentales como sean La Roda. Y no solo por su importancia geográfica o demográfica, sino también porque La Roda aportaría, además de una visión de conjunto más completa, nuevos y/o diferentes paradigmas debido sobre todo a su carácter conservador desde un punto de vista político, a pesar de tratarse de un núcleo poblacional que podemos considerar urbano en esta época con más de 10.000 habitantes según el censo de población de 1930. Efectivamente se trataba ya de un importante núcleo urbano aunque eminentemente agrario, con predominio del latifundio y políticamente conservador, controlado, junto a toda la comarca de la Mancha del Noroeste, por las redes caciquiles de los Jiménez de Córdoba y de Pedro Acacio Sandoval. 

     La Roda actualmente cuenta con más de 16.000 habitantes, siendo el quinto municipio más poblado de la provincia detrás de Albacete capital, Hellín, Villarrobledo y Almansa. Además de ser uno de los centros urbanos más importantes de la provincia desde un punto de vista demográfico, La Roda siempre ha sido un punto estratégico destacado en la comunicación entre el centro y el levante peninsular. Este municipio también es el Partido Judicial nº 5 de la provincia de Albacete. Hoy en día, La Roda es una dinámica población, todavía de tradición agrícola, aunque su actividad económica ha pasado en pocos años a centrarse en el sector industrial y de servicios. 

     Considero que no es de extrañar que sea el ámbito de lo local, el espacio donde se desarrollan las relaciones más directas entre vecinos, el ámbito en el que todos nos conocemos, sea el lugar que más obstáculos, suspicacias e incluso enemistades, genere a un investigador a la hora de abordar especialmente la Guerra Civil. Aunque no me extenderé en la consideración de las razones de esta problemática, no está de más señalar que independientemente del punto de vista que se adopte al abordar este periodo, se trata de un controvertido tema de la historiografía española todavía en la actualidad. Por otra parte, aún a riesgo de no querer simplificar un fenómeno tan complejo como sea éste, para unos, los supervivientes de la contienda y sus descendientes más directos, independientemente de ideologías, las heridas todavía están abiertas; para otros, sobre todo por lo que respecta a las nuevas generaciones, los nietos de los que sufrieron la guerra o la represión posterior, ya ha pasado tiempo suficiente como para poder hablar e investigar abiertamente sobre lo que sucedió. 

     Desde un punto de vista político, bien sea desde el mundo de la política profesional, bien sea desde el sentir general de la población, observo todavía la existencia de visiones antagónicas e irreconciliables, a pesar del tiempo transcurrido. Incluso desde la perspectiva institucional, y a pesar de la existencia de una Ley de Memoria Histórica, aún intuyo la presencia de trabas a la hora de abordar profesionalmente la Guerra Civil Española desde un marco integral, no parcial como se había venido haciendo tradicionalmente. Es más, parece ser que la promulgación de esta Ley en diciembre de 2007 viene a ratificar la necesidad de suplir las múltiples deficiencias con las que tropieza un amplio sector de la ciudadanía española en términos de justicia social y memoria histórica. Recientemente, el Comité de Naciones Unidas ha manifestado su inquietud por el escaso alcance de esta ley, instándole al gobierno español a que la cumpla y colabore en las tareas de localización e identificación de las víctimas del Franquismo pues "la búsqueda de las personas que han sido sometidas a desaparición forzada y el esclarecimiento de su suerte son obligaciones del Estado". 

     Este trabajo evidentemente, aparte de sacar a la luz una serie de hechos y de establecer conexiones entre ellos, no pretende bajo ningún concepto culminar ensalzando hazañas y figuras, ni de unos ni de otros. Sin embargo, partiendo del hecho de que la historia la escriben los vencedores, considero que ya va llegando el momento, no de sustituir un relato por otro, sino de añadir esa otra parte de la historia de los que perdieron, de aquella otra realidad que quedó oculta y soterrada. Añadirla al conjunto de las aportaciones existentes sobre la materia, y contribuir, de esta manera también, a desmitificar determinados hechos construidos por los ideólogos e historiadores del Franquismo. 

     En este sentido, me gustaría transcribir una pequeña porción de texto escrito por Manuel Requena para el prólogo del libro titulado “De la República, la Guerra, la Represión, la Resistencia…” de Ezequiel San José. Dice así: “Se ha producido un destacado proceso de realización de investigaciones sobre temas considerados “malditos”, pues descubren verdades ocultas pero que son “voz populi” entre la población anciana que vivió los hechos y que nunca han hablado de lo innombrable, pues se encargó el franquismo de introducir este miedo que aún permanece en algunas familias. Ha llegado el momento en que se ha de hablar sin miedo y con respeto hacia todos”. 

     Finalmente, añadiré que además de estar interesada en la investigación de la II República y la Guerra Civil en La Roda desde un punto de vista personal e histórico, también lo estoy desde una perspectiva social. Quiero decir con ello que, aparte de lo expuesto en el párrafo anterior, quisiera en último término, evitar que se pierda en el olvido la memoria de aquellas personas a quienes la guerra o posteriormente el régimen vencedor, arrebató la vida, postergando a los que no murieron al miedo y al silencio, como represalia por haber defendido otros ideales.