viernes, 31 de enero de 2014

El Ayuntamiento de La Roda hasta 1933: ambiente político (II)


Como decíamos en apartados anteriores, a finales de diciembre de 1931 se constituía en La Roda el Partido Republicano Liberal Democráta, aglutinando en su seno a los líderes más destacados de la vieja política local. Una vez inaugurado el nuevo año, se procedía al nombramiento de su Junta Directiva, al igual que sucedía con muchas otras agrupaciones políticas de la localidad. La directiva del liberal-demócrata quedaba de la siguiente manera: Job Escobar como Presidente, Wenceslao Cebrián Vicepresidente, Juan Muñoz Secretario, Julián Viñas Tesorero y los vocales:  Julián Fernández, Ciriaco Carrasco, Eloy Escribano, Juan Alarcón, Ricardo Atienza, Juan Cayo Cebrián, Hermenegildo Pérez y Santiago González. Por su parte, la Junta Directiva del Partido Republicano quedaba así: Ramón Llistó Presidente, Teófilo Lara Vicepresidente, Agustín Ruíz Tesorero, Emilio Martínez Valverde Contador, José Escribano Giménez Secretario y los vocales: José María Gómez, Pascual Molina, Carlos Fuentes y Bernardo Soriano. En la Sociedad Obrera era elegido Julián Castillo como Presidente, Francisco Ortiz como Vicepresidente, Julio Fraile como Contador y los vocales: Sergio Córdoba, Virgilio Ramírez, Blas Fraile y Miguel Martínez García. En último lugar, en el Casino la Amistad [1], quedaba Lino Ramírez como Presidente, Temístocles Blanco como Vicepresidente, Secretario Juan Talavera y Vicesecretario Francisco Castillo. Los vocales serían: Ángel Escobar, Ángel García, Francisco Abad y Daniel Martínez [2].
Entrado el mes de abril, comienzan los preparativos para festejar el I Aniversario de la Proclamación de la República. En el Ayuntamiento se creaba una Comisión de Festejos encargada de organizar el programa para solemnizar el evento[3]. Por su parte, en El Agricultor Manchego aparecen numerosas noticias y artículos sobre la celebración de dicho Aniversario. En la noche del 13 de abril se ofreció un concierto a cargo de la Banda Local, instalada en un artístico templete levantado en la Miliaria. En los descansos se dispararon numerosos cohetes para anunciar al vecindario las fiestas conmemorativas de la República. El día 14, permaneciendo el comercio cerrado, una diana recorrió las principales calles de la población ejecutando diversos pasodobles. A las diez de la mañana se distribuía en la plaza numerosos socorros consistentes en medio kilo de arroz y dos panes por individuo [4]. A las once, las autoridades locales se dirigieron al Asilo de ancianos que regentan las hermanas Salesianas para distribuir una espléndida comida. A continuación se dirigió la banda al Parque donde ejecutó música de baile para los jóvenes, rindiendo culto a Terpsícore, la musa griega de la danza. Por la tarde se celebró un partido de fútbol en el Campo de deportes y en el Paseo, la Banda municipal realizó otro concierto. Finalmente, a las diez de la noche se celebró en el Teatro Cervantes una velada político-literario-musical, organizada por el Círculo Republicano, y en la que tomaron parte representantes de los partidos Republicano Radical (Díaz Basauri), Acción Republicana (Vicente Arenas),  Socialista (Deusdedio del Campo), Juventud Republicana (Emilio Torrano) y de otras entidades republicanas con representación en La Roda, como el Partido Radical-Socialista o el Liberal-Demócrata.
Continuando con la celebración de eventos políticos, el 30 de abril y el 1 de mayo se realizaba también una doble velada literario-teatral en el Círculo Obrero, con motivo de la Fiesta del Trabajador. Se escuchó música por parte de la orquesta local, destacando una habanera cantada por un coro femenino, se proyectó una película cómica, se recitó poesía, etc. El día 1 de mayo se repitió la velada, con el Teatro totalmente lleno. Finalmente se interpretó un monólogo de Antonio Martínez acompañado de la clásica jota y las torradas. Dado el rotundo éxito de estas veladas, se anima al Círculo Obrero para que repitan semejantes festejos todos los años en la misma fecha, consagrando el 30 de abril al rodeñismo, y en lo sucesivo se conozca con el nombre de “Día de La Roda” [5].
Mientras tanto, el gobierno de Azaña a duras penas podía llevar a la práctica un amplio programa de reformas obstaculizado, no sólo desde su mismo equipo de gobierno, sino muy especialmente por el sindicato anarquista, por un lado, y por la oposición monárquica, con sus implicaciones en el ejército, y sus conexiones entre elementos de la aristocracia financiera y rural, por otro [6]. Las luchas sociales en las ciudades, a pesar de la duración y amplitud de algunas huelgas o de las amenazas de cierres patronales, no alcanzaron la violencia física y personal de las luchas rurales, como las de Castilblanco o Arnedo. En este contexto, concretamente en vísperas de la aprobación del Estatuto Catalán, se produce el primer intento subversivo militar contra la República en agosto de 1932. Fue protagonizado por el general Sanjurjo, y estuvo apoyado por dirigentes carlistas, militares y oficiales antirrepublicanos que igualmente volverían a jugar papeles destacados en el levantamiento de julio de 1936. La sublevación en esta ocasión fue un fracaso y Sanjurjo fue condenado a cadena perpetua.
Las autoridades municipales de La Roda se hacían eco de estos desafortunados hechos abriendo una suscripción con la cantidad de 50 pts. en beneficio de familias de individuos muertos o heridos en defensa de la República en la plaza de Cibeles en la madrugada del 10 de agosto. Al día siguiente, se celebraba en el Teatro Cervantes una manifestación de afirmación de la República en la villa “contra la intentona monárquico-militar acaecida”. Se lanzó un bando dirigido al pueblo para solicitar su asistencia.  Incluso el Agricultor Manchego, haciéndose eco de la noticia, publicaba un artículo en el que condenaba la sublevación militar que podría habernos llevado a una “cruenta guerra civil”. En este ambiente de consolidación del régimen, en septiembre del mismo año, las autoridades locales acordaban contribuir con 25 pts. a la construcción del monumento a Nakens [7].
En artículos anteriores decíamos que Eloy Calero dimitía a los diez meses después de haberse producido su nombramiento, el 2 de junio de 1932. Las razones que aduce es que “teniendo que dedicarse a asuntos particulares, le es imposible seguir atendiendo el cargo como es debido”. Lo sustituye en la Alcaldía, Juan Martínez Monteagudo. Las palabras pronunciadas el día de su nombramiento decían lo siguiente: “(..) prometeros que procuraré desempeñar el cargo (que mejor podríamos llamarle carga) con la dignidad, rectitud y actividad tan características en todos los actos de mi vida. Y siendo mi lema político, al amigo favor, al enemigo justicia, espero vuestra cooperación y ayuda para que del fruto que produzcamos hagamos un pueblo modelo con lo que honraremos nuestra República”. Martínez Monteagudo tampoco duraría mucho tiempo en el cargo, o con la “carga”, pues cinco meses después, el 16 de noviembre, se suicidaba. Tanto en la sesión plenaria, como en un artículo publicado en el Agricultor Manchego, se indagan sobre las causas. Según dicen, este triste desenlace no fue debido ni a la gestión de sus negocios, ni a la gestión de los asuntos municipales. Parece ser que sufría fuertes dolores de cabeza que en la edad adulta le provocaron la enfermedad mental que padecía. Su padre también se había quitado la vida años atrás.  El 28 de noviembre de 1932 Vicente Arenas Ortega sería nombrado su sucesor en el cargo; sería el cuarto Alcalde en menos de dos años de legislatura. A continuación pasaré a reproducir una curiosa descripción sobre el nuevo alcalde electo que aparece en el Defensor de Albacete:
hombre activo, dinámico, enérgico; hombre demócrata desde la tibia hasta el temporal. Se debe a la democracia y por ella sacrificará su esqueleto. Su profesión, -que omitimos, pues no acostumbramos a hacer propaganda gratis- le obliga diariamente a pasear la villa en todas direcciones. Nuestro gran demócrata aprovecha estos paseos para velar por la salud pública; por ejemplo: una cáscara de naranja y unas moscas pueden constituir un foco infeccioso; la ventana de aquel establo -¡horror!- sirve para enviar al exterior microorganismos más o menos mortíferos. Y he aquí a nuestro hombre poniendo remedio a tales calamidades, ora con el “flit”, ora con una brigada de albañiles. Poco amigo de la impunidad, es capaz nuestro corregidor de salvar la Hacienda a fuerza de multas. Al que se descuida, ¡zas!, le envía un municipal cargado de atribuciones con el recadito. Dijimos que es un hombre enérgico; lo ratificamos. Adoptará medidas de rigor para combatir la crisis económica y del trabajo. Hoy, remedando al señor Arquímedes, le oímos decir: “Dadme dinero y lo arreglaré todo”. Mas él sacará dinero de donde no lo haya. Para conseguirlo, es capaz de todo; hasta de comprar un décimo de lotería… por si las moscas”. Esta vitalidad lo haría “aguantar” en el cargo casi un año. Once meses gobernando un Consistorio cada vez más enfrentado debió acabar con tamañas energías. Aparte de la gran cantidad de ideas y proyectos que aparecen durante su mandato (que no terminan de cuajar, tanto por los problemas de entendimiento entre las dos fuerzas en el gobierno, como por la ausencia de fondos), uno de los aspectos a destacar en este periodo, será la reorganización de los partidos y asociaciones de derechas en nuestra localidad.
Tras el descalabro de las elecciones de abril de 1931 y el cambio de régimen, las fuerzas conservadoras del país habían quedado desunidas y fragmentadas. Desde finales de 1932 y a lo largo de 1933 asistimos a un intenso proceso de reorganización de las derechas también observable en nuestra localidad. Acción popular,  más conocida antes de 1932 como Acción Nacional, había nacido como una asociación para la “salvación político-social de España”. Esto es, para la defensa de la religión católica, de la propiedad y de la familia. En noviembre de 1932 ya tenemos constancia de la presencia de este partido a través de su Asociación femenina en La Roda, que realiza una conferencia presentada por Jose María Ruíz Picazo en su domicilio social (C/ San Julián, nº 2) a cargo de Romualdo de Toledo y Robles [8]. Tiburcio Romualdo, así se llamaba, era de filiación tradicionalista y miembro del Consejo de Dirección de la Confederación Católica de Padres de Familia. Como Jefe de Primera Enseñanza en la Junta Técnica del Estado, restableció en el territorio nacional, ya en plena guerra, la presencia del crucifijo en las escuelas y la obligatoriedad de asistir a la misa dominical. En marzo de 1933 se realizaba otra conferencia sobre Mujer, religión y política, presentada por la secretaria de la sección femenina de La Roda, Sagrario Collado Ballesteros, a cargo de Adela Navarro Carpio, una famosa propagandista de Hellín [9].
Con anterioridad vimos que el Partido Republicano Radical se había constituido en La Roda en abril de 1932, siendo presidido por el antiguo alcalde azañista, Miguel Servet Díaz Basauri. En marzo de 1933, la Asamblea de las Juventudes Radicales, recientemente constituidas, marchaban a una conferencia en Albacete. Sin embargo, no será hasta septiembre de 1933 cuando queden legalmente constituidas como grupo político. Los cargos directivos de la Junta Municipal del Comité quedaban de la siguiente manera: Emilio Torrano, Presidente; Eduardo Aguado Palacios, Vicepresidente; Juan Erans Moragón, Secretario; Enrique de la Hoz, Contador Bibliotecario; Gabriel Ruiz Sarrias, Tesorero.
A su vez, Deusdedio del Campo Martínez, Vicepresidente del PSOE en La Roda por aquél entonces, de profesión Procurador, ofrecía en las Escuelas Graduadas una conferencia que llevaba por título “Por la paz universal. Guerra a la guerra”. Es en el contexto de una vieja y decadente Europa, temerosa y expectante frente al auge de los totalitarismos, incluida España, donde las palabras de Deusdedio cobran pleno sentido: la guerra es la “condenación a la miseria y al hambre de la casi totalidad de ciudadanos de la nación beligerante, y claro está, en beneficio de unos pocos que, sedientos de mayor riqueza, unos, y avarientos de mayor poder, otros, no titubean en sacrificar tantos y semejantes valores humanos, para dar satisfacción a sus instintos rapaces[10].
Nos encontramos en un complejo marco de luchas políticas y conflictos sociales donde el temor no viene únicamente por parte de ciertos sectores de la derecha tradicional y de los fascismos emergentes. Este frágil gobierno republicano-socialista, aparte de afrontar importantes y delicadas reformas, o de enfrentarse a la labor opositora y obstaculizadora de las derechas, también habrá de vérselas por la izquierda con la ofensiva sindicalista. Para la CNT, que como hemos visto, no existe en nuestra localidad, la UGT no hacía más que la política de la burguesía entre la clase obrera. De esta manera, la CNT organizó huelgas generales dirigidas contra la política socialista en las grandes ciudades, junto a la táctica del movimiento insurreccional. En este contexto se producían varias sublevaciones, la más conocida de todas ellas, la matanza de una familia de campesinos en Casas Viejas. Dio lugar a una fuerte represión gubernativa, con intervención del ejército y deportaciones de los dirigentes sindicales[11]. En El Agricultor Manchego aparece un artículo donde se reflexiona sobre estos sucesos titulado “Causa y remedio”. Con un tono poético que roza la compasión se dice que la causa de tales hechos no es otro que la “falta de cultura y pan”, o de “despensa y escuela”, rescatando palabras de Joaquín Costa. Son reflexiones que abogan por la cultura y el bienestar de una gran parte de la población harapienta “en cuyos cerebros atrofiados no le es difícil a los agitadores sembrar las ideas del desorden[12]. Tristemente, bajo este halo de humanidad, el objetivo que se persigue es el mantenimiento del orden establecido por los intereses de las élites tradicionales, y que la situación en el campo continúe como siempre, sin cambio alguno.  La opinión pública creyó al gobierno moralmente responsable de la tragedia de Casas Viejas, perpetrada por los guardias de asalto, una fuerza creada por la República con la finalidad de evitar las salvajes represiones de la Guardia Civil.  Este hecho supuso un importante punto de inflexión en la orientación del país hacia opciones políticas más conservadoras.
Junto a las elecciones municipales parciales del 23 de abril de 1933 (para la constitución de los últimos consistorios que habían sido nombrados por el artículo 29), las elecciones para el Tribunal de Garantías Constitucionales en septiembre del mismo año, confirmaron la tendencia conservadora de la población española. El 3 de septiembre de 1933 se elegían en Pleno a los representantes para la región de Murcia que formarían parte de este Tribunal. El Representante titular elegido en La Roda sería Arturo Cortés Ortiz. Por su parte, el presidente de la República retiraba su confianza a Azaña, nombrando un gobierno presidido por Martínez Barrio, que dirigiría las elecciones generales para el mes de noviembre. En ellas, los partidos de derechas conseguirían una importante victoria particularmente caracterizada por el derrumbamiento de la coalición republicano-socialista, pero también por la abstención anarquista, una gran participación católica, y fuertemente influenciada por ésta, por primera vez en la historia de España, el voto femenino.
En La Roda, el alcalde Vicente Arenas Ortega pedía la dimisión el 19 de septiembre “a fin de no lesionar sus intereses profesionales”, pues siendo nombrado Médico Tocólogo Municipal, ruega que su dimisión sea admitida por ser incompatibles ambos cargos. Finalmente, el 25 de octubre es elegido José Cerdán Pérez como sucesor en la Alcaldía. Sin embargo, tampoco durará mucho el último alcalde del periodo republicano-socialista en el gobierno local. La izquierda burguesa de La Roda resulta prácticamente barrida del escenario político tras las elecciones generales de noviembre de 1933, que como hemos visto, darán la victoria a las derechas. En mayo de 1934 se volverá a configurar por orden gubernativa un nuevo Consistorio en sintonía con el gobierno de la nación.





[1] El Casino de la Amistad, cuya referencia aparece por primera vez en 1895, fue una asociación de carácter lúdico, festivo y cultural que integraba en su seno a las clases más pudientes de la sociedad rodense. Para más información consultar el estudio de Miguel Sánchez Picazo que lleva por título:    Entidades y asociaciones culturales y sociales en La Roda desde la Restauración a la Guerra Civil.
[2] El Agricultor Manchego (10-1-32)
[3] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesión 31-3-32.
[4] Según la Sesión de 14 de mayo de 1932, donde se presentan las cuentas sobre los gastos ocasionados con motivo de la celebración del 14 de abril, la entrega de pan y arroz en la plaza del pueblo se destinó “a los obreros pobres que estaban en paro forzoso”.
[5] El Agricultor Manchego, (1-5-32)
[6] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 95).
[7] José Nakens Pérez (1841-1926), periodista español, de familia humilde y liberal, su padre fue perseguido por Fernando VII durante la llamada Década Ominosa. Esto marcó el destino de su hijo, un futuro activista republicano. Fue director del legendario El Motín, cuyos textos deberían ser una referencia básica para los profesionales de la información, más aún en la hora de la extinción por asfixia del genuino periodismo. El anticlericalismo y el republicanismo que defendió Nakens –activo impulsor de la I República española e indiscutible precursor de la II República– con ilustrada vehemencia, continúan siendo imprescindibles en este periodo.
[8] El Agricultor Manchego (4-12-32)
[9] El Agricultor Manchego (19-3-33).
[10] El Agricultor Manchego (19-2-33).
[11] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 91).
[12] El Agricultor Manchego, (23-4-33)

domingo, 26 de enero de 2014

Cartel de la Segunda República Española

     A lo largo del siglo XIX, con la construcción de los nuevos Estados-nación, surge una simbología que intenta promocionar una determinada imagen de los nuevos Estados nacientes al calor de las revoluciones liberales. Son símbolos referentes  sobre todo a  la identidad nacional, que favorecen la cohesión social y el sentido de pertenencia, como la bandera, el escudo, el himno y otros elementos. Puesto que una de las primeras medidas de la Segunda República será la adopción de nuevos símbolos nacionales, a continuación veremos un cartel alegórico de la época.

     Se recuperaba el diseño del escudo de España aprobado en 1868 por el Gobierno provisional instaurado tras el derrocamiento de Isabel II.  Además, el gobierno de 1931 también se inspiraría en otros emblemas tradicionales de la proclamación de la Primera República, como por ejemplo, en su figura principal: una mujer joven, alada, tocada con un gorro frigio y vestida con una túnica roja que deja un pecho al descubierto. Su mano derecha se apoya en una lápida con una inscripción que dice «LEY. RF», mientras que su mano izquierda sostiene una balanza. Una mujer vestida con una túnica roja, al estilo de una matrona romana, era una imagen habitual para representar a España en las pinturas alegóricas del Renacimiento y del Barroco. El detalle del pecho descubierto se relaciona con la práctica de alimentar a sus pobladores, considerados como hijos de la patria. Las alas son un símbolo de la victoria tomado de la escultura clásica, al igual que las hojas de laurel que asoman por encima de su cabeza. La balanza es un símbolo tradicional de la Justicia que se le presupone a cualquier poder político. El gorro frigio, aunque de origen clásico, constituye un símbolo de la libertad, de la razón y del republicanismo que fue muy  difundido durante la Revolución Francesa. Otros símbolos que aparecen en esta alegoría de la Primera República es el gallo, símbolo de vigilancia, del despertar a una nueva era y de combatividad.

     Esta imagen de España como “La Niña Bonita” alcanzó tanto éxito que fue reeditada muchos años después como emblema de la Segunda República aprobado, junto a otras enseñas oficiales, por Decreto de 27 de abril de 1931. Aunque existen diversas variantes iconográficas de esta alegoría, en general el mensaje se sintetizó, aligerando su simbología e introduciendo pequeñas modificaciones como la bandera tricolor, sustituyendo la franja inferior roja por otra de color morado; o el león, que sustituyó al gallo para evitar el chiste de los monárquicos recalcitrantes que decían que la República “era más puta que las gallinas”; por cierto crítica fácil bien característica de una mentalidad machista y retrógrada propia del pensamiento más conservador. La túnica roja en este caso desaparece y en su lugar figura una única prenda, que es el camisón blanco que viste debajo. Paradójicamente, tanto el morado de la bandera como el león venían siendo símbolos asociados a la monarquía española desde antiguo. Para evitar la confusión, la propaganda republicana procuró dotarlos de un nuevo significado acorde con su ideario, interpretando el morado con el color utilizado por los Comuneros de Castilla y el león como símbolo de la fuerza del pueblo español, o de la Ley, ambos representados en las Cortes. 








domingo, 19 de enero de 2014

El Ayuntamiento de La Roda hasta 1933: ambiente político (I)

               
               Se ha tendido a identificar República y democracia, como si, al implantarse aquélla, ésta hubiese llegado por arte de magia. La democracia es una actitud que se adquiere con la práctica y, precisamente, muchos españoles y albacetenses no estaban muy experimentados en ella a comienzos de 1931. De aquí, el difícil y lento proceso hacia la democracia vivido en los años 30[1]. Tras la estabilización del régimen republicano, asistimos a partir de ahora a un período complejo en la política local donde, aparte de las reformas aplicadas en sintonía con el gobierno central, también aparecerán a los primeros conflictos de tipo político en el mismo seno del equipo de gobierno. Si bien los grandes temas de interés a lo largo de las Actas de los Plenos fueron la crisis obrera y agraria o la necesidad de construir más locales para escuelas, a continuación nos centraremos en primer lugar en el análisis de los hechos más puramente políticos.

            Antes de la configuración definitiva del Consistorio municipal, una de las primeras medidas que se adoptan es la apertura de una investigación de las cuentas del periodo de la Dictadura. Parece ser que el antiguo recaudador y administrador de arbitrios, derechos y tasas, Bernardo Cebrián Berruga, había cometido irregularidades, concretamente en 1923, con la retención de documentos y de dinero del erario municipal. Aunque presenta los Estados de cuentas que se le requieren, sigue faltando documentación como talones y libros para comprobar los Estados que presenta. En agosto de 1931 se acuerda el nombramiento de un delegado del Gobierno Civil Provincial para que inspeccione la administración municipal y política durante las diferentes etapas dictatoriales hasta el 14 de abril de 1931. También se acuerda el nombramiento de un nuevo administrador de arbitrios: José Fraile Moreno (sería interesante que recordásemos este nombre). Más adelante se llega a pedir incluso que los hijos políticos del antiguo depositario de fondos, al tener suficiente solvencia económica, respondan ante la gestión de su padre.

            En agosto se procedía al nombramiento del Jefe de Policía y Abastos: Restituto Gaitano García, “por sus importantes méritos en defensa de la causa republicana”. Se decreta también por la “vigilancia e inspección de fondas y casas de huéspedes y posadas para impedir la entrada de elementos extraños encargados de perturbar la tranquilidad que reina en la actualidad entre los elementos obreros de la localidad, con propósito de realizar campañas antirrepublicanas, pues se sabe (…) que existe una intensa propaganda de reacción monárquica que a toda costa se debe impedir llegado el caso en bien de la República porque al hacerlo así es defender a España contra sus eternos enemigos (…)”. 

               Desde su proclamación, la República, con su Constitución todavía incompleta, estaba siendo violentamente atacada por carlistas y clericales en el Norte, y por anarquistas en el Este y en el Sur. Sabemos que en La Roda se produjeron altercados provocados por algunos ciudadanos, reacios a aceptar en nuevo régimen. Según el Agricultor Manchego, en mayo de 1931, la Guardia Municipal impone multas a determinados individuos “por manifestarse con violencia en contra del nuevo régimen”; entre ellos, Aniceto Picazo, Juan Antonio Clemente Piqueras o Serafín González. En cualquier caso, el Consistorio toma estas medidas y la adquisición de nuevo armamento y uniformes para los guardias “por fundados temores de alteración del orden público”. Una de las primeras leyes promulgadas por el Gabinete de Azaña, tras convertirse en jefe del Gobierno el 16 de octubre, sería precisamente la Ley para la Defensa de la República, destinada a castigar la violencia en las disensiones políticas, sociales y religiosas y la difamación contra el nuevo régimen [2]. Muchos autores han querido destacar la impopularidad y severidad de esta ley sobre todo a partir de los sucesos de Casas Viejas. Posteriormente será sustituida por la Ley de Orden Público. Por medio de esta ley, la mano dura de la República se hará sentir sobre monárquicos y anarquistas.

            Uno de los hechos cuya explicación no resuelven los documentos encontrados fue la dimisión del primer alcalde de la República, Miguel Servet Díaz Basauri el 6 de septiembre, transcurridos tan solo tres meses desde su nombramiento el 5 de junio. Sin embargo, en un artículo aparecido en el Agricultor Manchego a fecha de 26 de julio, ya se hablaba sobre ciertos rumores de una crisis municipal y sobre la posible dimisión del alcalde. Las razones que aporta es que no gozaba de la confianza de los señores concejales. En una entrevista concedida al Defensor de Albacete en septiembre, con motivo de la elección de la “Señorita de La Roda”, también se le pregunta por su dimisión, alegando que ésta es “obligada” pues “con un Concejo así toda actuación es imposible”. Intuimos que, Díaz Basauri, aunque al principio significado políticamente con Acción Republicana, en vistas de los problemas que casi desde el principio de la proclamación de la República aparecen en el seno de la coalición republicano-socialista, progresivamente fue experimentando una evolución política hacia un republicanismo más conservador, para finalmente acabar ingresando en el partido de Lerroux. En abril de 1932 el Agricultor Manchego anunciaba en un artículo la constitución del Comité Directivo del Partido Republicano Radical en casa de Miguel Servet Díaz, que sería elegido Presidente, junto a Amós Gil Pedraza, como Vicepresidente.

            Así las cosas, el 10 de septiembre era nombrado el nuevo Alcalde Presidente de la Corporación: Eloy Calero Millán. Eloy Calero había nacido en La Roda en 1878. Industrial y bodeguero rodense, figuraba como segundo entre los mayores contribuyentes en 1930. Políticamente también se identificó con el partido de Azaña, Acción Republicana. En mayo de 1933 fue designado diputado provincial en sustitución de Teófilo Prados en representación del distrito de La Roda. Destacaremos las siguientes palabras en el discurso que pronuncia el día de su nombramiento como Alcalde de La Roda: “es importante la cooperación del Ayuntamiento y del pueblo en general por el afianzamiento del régimen republicano. El pueblo y el Ayuntamiento de La Roda deben inspirarse siempre en el sentido más democrático posible (…)”.

            Podemos considerar estos datos como prueba indiscutible de que la estabilidad y la cooperación, dentro del equipo de gobierno, no era un camino de rosas ya desde bien pronto. El primero de ellos: la dimisión de Díaz Basauri. El segundo: si Eloy Calero hace un llamamiento a la cooperación, es porque no la hay. Es más, la duración de Calero en la Alcaldía tampoco se prolongará demasiado en el tiempo ya que en junio de 1932 anunciaba su dimisión: había ostentado el cargo tan solo durante diez meses. A pesar de la función básicamente administrativa del Consistorio, las organizaciones republicanas, socialistas, también radicales, no se pudieron sustraer a una confrontación política cada vez más intensa [3]. Vemos aquí cómo a partir del otoño de 1931 comienzan a surgir las primeras discrepancias, que se volverán más acuciantes a lo largo de 1932.

            Para explicar brevemente las raíces de este fenómeno, nos remontaremos al éxito de las candidaturas republicano-socialistas, que había contribuido a la identificación del régimen con la mayoría inicial que lo había instaurado: “la República será gobernada por los republicanos”. Esta afirmación se entendió como una legitimidad excluyente más que como una llamada a la incorporación al nuevo régimen de los grupos que no habían participado en su instauración. Aparte de la exclusión de los “desleales” en el nuevo régimen, el resultado de las elecciones generales del 28 de junio, tampoco aseguraba la estabilidad del gobierno. Aunque el Partido Radical hubiera obtenido un total de 90 escaños, Azaña finalmente optó por prescindir de Lerroux y quedarse con los socialistas pues “la democracia no era sólo cuestión de burguesía y clase media sino de una coalición en la que tuviera cabida el movimiento ascensional del proletariado” [4]. Esta fórmula entendía que la coalición con los socialistas estaría exenta de problemas, que los radicales aceptarían su papel de leal oposición y que las fuerzas no leales al régimen, nada tenían que hacer, excepto acatarlo. Nada más lejos de la realidad.

        Los propios socialistas siempre habían estado divididos en la cuestión de la participación en el Gobierno republicano. Aunque en La Roda destacó la línea más moderada de Prieto, partidaria de la colaboración con la República, también aquí habrá discrepancias con la política republicana, sobre todo debido al protagonismo y a la fuerza que tendrá la sindical socialista sobre el partido. El 16 enero de 1932 la Casa del Pueblo presentaba un escrito al Alcalde pidiendo la dimisión de los siguientes concejales de la minoría socialista de acuerdo con la agrupación política a la que pertenecían: Francisco Escudero Díaz, Florentino del Barco Picazo, Francisco Moreno Castillo y Timoteo Maestro Zalve; todo ello “en vista de la actitud caciquil y de desconsideración observada por un sector republicano dominante en el Ayuntamiento”. Sin embargo, el Ayuntamiento acuerda por “unanimidad” no aceptar dicha dimisión pues “ha visto con sentimiento las manifestaciones del sector socialista, siendo su principal objeto velar por la pureza de esta administración municipal, vería con gran satisfacción que continuaran en sus puestos”. Finalmente, en la sesión de 28 de enero los concejales socialistas optan por la no dimisión. En junio del mismo año, el sindicato socialista volvía a enviar un escrito reivindicando mejoras locales de tipo social para que “los intereses del pueblo no estén vejados ni menospreciados como están en la actualidad”. Además, podemos observar diferentes quejas de los concejales socialistas en los plenos criticando que no se lleva a la práctica ninguno de los acuerdos adoptados. En definitiva, se reiteran las quejas de socialistas contra alcaldes azañistas y lerrouxistas por no cumplir la legislación social y por albergar resquicios de caciquismo. En contrapartida, se acusa a los socialistas de favorecer la insurrección social, pidiendo que abandonen el Gobierno porque son un peligro para la República.

            La redacción de una Constitución supuso uno de los puntos más conflictivos para la joven República, sobre todo en lo tocante a las relaciones Iglesia-Estado. Desde el 14 de julio (día de la toma de la Bastilla), hasta el 9 de diciembre, los diputados debatieron y forjaron la Carta de una República decididamente democrática, laica y potencialmente descentralizada[5]. En el apartado sobre “declaración de derechos” se incluía: libertad religiosa, de expresión, reunión, asociación y petición (al gobierno), el derecho de libre residencia y de circulación y de elección de profesión, inviolabilidad de domicilio y correspondencia. Por otro lado, se suprimía todo privilegio de clase social y de riqueza, lo que equivalía a anular la nobleza como entidad jurídica. Se apuntaba también la posibilidad de socialización de la propiedad y de los principales servicios públicos, aunque en definitiva los proyectos de nacionalización de la tierra, las minas, los bancos y los ferrocarriles nunca se llevaron a cabo. Las Cortes quedaban constituidas en un único Congreso de diputados, elegidos para cuatro años por sufragio universal, incluido el femenino. Además de sus funciones legislativas y de apoyo al ejecutivo, las Cortes debían elegir al presidente de la República por un mandato de seis años. Las Cortes nombraron presidente a Alcalá-Zamora, quien confirmó en la jefatura del gobierno a Manuel Azaña.

            De esta manera, el 10 de diciembre, a propuesta del concejal Antonio Díez Belda, se acordaba por unanimidad rendir el más “ferviente homenaje de admiración al Excmo. Sr. D. Niceto Alcalá Zamora” con motivo de haber sido investido con la más alta jerarquía de la República española. Para conmemorar esta fecha, se establecía como Fiesta Nacional el día 11 de diciembre, cumpliendo así con el Decreto de la Presidencia del Gobierno de la República  (Gaceta de Madrid, nº 343, 9 diciembre 1931). En La Roda se celebraría con un “concierto por la Banda de música local a las 11 h. en una de las principales vías de la localidad [6], procediéndose por la tarde con la asistencia del Ayuntamiento a la Secularización del Cementerio,  haciéndose por la Alcaldía un llamamiento al vecindario para que secunde esta decisión y asista para realizar con su presencia los actos que se realicen. El 17 de julio de 1932 el Agricultor Manchego publicaba el Bando oficial sobre la secularización de nuestro Cementerio [7].

            En la mayoría de los pueblos, los cementerios pasaron a control secular con el Alcalde presidiendo la ceremonia pública del cambio y la banda municipal tocando La Marsellesa. En La Roda, como en muchos otros lugares, había pequeñas porciones de terreno valladas o tapiadas, reservadas para los pocos ciudadanos que habían preferido un entierro civil. La ceremonia de la secularización solía incluir el derribo de la tapia y se dijo que hubo casos en que las autoridades municipales aconsejaron a los ciudadanos que demandaran el matrimonio y el entierro civiles ahora que España había conseguido la libertad religiosa. Desde el punto de vista de la Iglesia, tales actos eran a la vez que ofensivos, ilegales, pues en teoría al menos, las relaciones entre la Iglesia y el Estado todavía estaban regidas por el Concordato de 1851. Para los republicanos, este tipo de ceremonias laicas eran signos de cultura, mientras que las de tipo religioso lo eran de atraso y superstición.




[1] Requena Gallego, Manuel, Partidos, elecciones y élite política en la provincia de Albacete, 1931-1933, IEA, 1991 (pág. 25)
[2] Jackson, G., La República española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 1999 (pág. 65)
[3] Requena Gallego, Manuel, Partidos, elecciones y élite política en la provincia de Albacete, 1931-1933, IEA, 1991 (pág. 312)
[4] Juliá, S., Un siglo de España. Política y Sociedad, Marcial Pons, Madrid, 1999, (pág. 80-82).
[5] Jackson, G., La República española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 1999 (pág. 60)
[6] Según noticia publicada en el Agricultor Manchego el día 13 de diciembre de 1931, el concierto, interpretado por la Unión Musical Rodense, se celebró en la glorieta de la Miliaria. El programa fue el siguiente: Recuerdos de Archena, La Rosa del Azafrán, France y Pepita Greus, terminando con el himno de Riego.
[7] Bando. Don Juan Martínez Monteagudo, Alcalde Presidente, HAGO SABER: Que con el fin de que mis administrados conozcan las disposiciones sobre la Ley de Enterramientos en Cementerios, seguidamente se transcriben aquéllas que más directamente les afectan: Artículo 1º. Los Cementerios municipales serán comunes a todos los ciudadanos, sin diferencias fundadas en motivos confesionales. En las portadas se pondrá la inscripción CEMENTERIO MUNICIPAL. Sólo podrán practicarse los ritos funerarios de los distintos cultos en cada sepultura. Las autoridades harán desaparecer las tapias que separan los Cementerios civiles de los confesionales, cuando sean contiguos. Artículo 2º. El enterramiento no tendrá carácter religioso alguno para los que fallezcan habiendo cumplido la edad de veinte años, a no ser que hubiese dispuesto lo contrario de manera expresa (…) Aquéllos que deseen imprimir carácter religioso a sus enterramientos, vienen obligados a disponer en tal sentido su voluntad expresa. Del buen criterio de este culto vecindario, espero coadyuvará al excusable cumplimiento de la Ley, en evitación de disgustos que esta Alcaldía sería la primera en lamentar (La Roda, 12 de julio de 1932).

domingo, 5 de enero de 2014

Elecciones municipales parciales de 31 de mayo de 1931 y primer Ayuntamiento republicano

     
Tras la proclamación de la Republica y la creación de la Comisión Gestora, se fijaba la fecha del 31 de mayo para la celebración de nuevas elecciones municipales en aquellos municipios (un total de 36 en la provincia de Albacete) donde se aplicó el artículo 29 y, por tanto, no había habido votación.  Es en este breve periodo de tiempo cuando se registra el mayor movimiento de políticos monárquicos hacia el republicanismo a la vez que una intensa campaña electoral.  
Mientras tanto, para significar el advenimiento de la República se toman algunas medidas de carácter simbólico como la compra de dos banderas republicanas, una para el Ayuntamiento y otra para la casa cuartel de la Guardia Civil, o el cambio de nombre de calles y plazas. El Paseo del Directorio Militar es cambiado por el de Paseo de Galán y García Hernández, en conmemoración de los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández [1]. El Parque de Colón pasará a llamarse Parque de la Libertad y la Plaza Primo de Rivera, nuestra actual Plaza Mayor, se llamará Plaza de la República [2].
Es durante este breve periodo de transición cuando se inician las gestiones para la construcción del ferrocarril que comunicase a La Roda con Tarazona de Aragón. También se instala una fuente pública en la Miliaria “para que el pueblo se surta de agua gratuitamente”. En sucesivas entradas desarrollaremos detalladamente el programa de obras públicas que se emprende con motivo de la crisis obrera y agraria para dar una respuesta al alto desempleo.
Como decía al principio de este artículo, con motivo de las elecciones municipales parciales, multitud de mítines se iban celebrando en la localidad, tanto en las sedes de los respectivos partidos, como en el propio Teatro Cervantes, que cedía sus instalaciones para la ocasión. El mitin del Círculo Republicano contó con la presencia de Esteban Mirasol, natural de Villalgordo del Júcar, candidato diputado a Cortes por el partido de Azaña, en la provincia de Albacete. También fueron frecuentes los mítines de Juventud Republicana y del Partido Socialista [3]. Por su parte, el Partido Republicano Liberal Demócrata protestó al prohibirle el Gobernador civil un acto de propaganda debido a la existencia en sus filas de una minoría “turbulenta”. 
El  Agricultor Manchego, en un artículo del 24 de mayo de 1931, enumera a los candidatos a concejales para las dichas elecciones. Dentro de la conjunción republicano-socialista estaban: Eloy Calero Millán, Ramón Ferrer Garrido, Basilio Donate Jareño, Miguel Servet Díaz Basauri, Vicente Arenas Ortega, Ramón Llistó Calvo, Antonio Romero Ginel y Juan Martínez Monteagudo (candidatos republicanos) y Florindo Celaya Aranda, Francisco Escudero Díaz,  Timoteo Maestro Zalve y Francisco Moreno Castillo (candidatos socialistas). Se presentaban también como “reformistas”, los siguientes 12 candidatos: Francisco Diego Berruga, Antonio Carrasco Martínez, Andrés Martínez Sáiz, Antonio Martínez Martínez, Eloy López Moreno, Ricardo Atienza Carrasco, Wenceslao Cebrián, Juan García Arenas, Job Escobar Montoya, Juan Cayo Cebrián, Juan Salvador Martínez y Gabriel Molina Puertas. A la hora de comparar estos últimos candidatos con los monárquicos que se presentaron el 12 de abril, vemos como la gran mayoría son los mismos, aunque ahora revestidos bajo las siglas republicanas. En poco tiempo cambian su impronta monárquica por la republicana.
Los comicios del 31 de mayo en La Roda, dieron la victoria a Acción Republicana con 12 concejales, y al Partido Socialista, con 6. Es decir un total de 18 concejales para la conjunción republicano-socialista. Debido a que sólo se presentó esta candidatura, habiéndose retirado el grupo liberal-demócrata, hubo una ausencia total de contienda. También ésta es la razón del alto grado de abstencionismo, ya que de un total de 1999 electores según el censo electoral, tan sólo habían votado 698 personas [4]. Esta victoria “indiscutible” de las izquierdas tendría repercusiones inmediatas en las elecciones nacionales a Cortes Constituyentes.
El 5 de junio de 1931 se procedía a la Constitución del Ayuntamiento, donde tomaban posesión los 18 concejales elegidos el 31 de mayo “sin protesta ni reclamación”. La mayoría de ellos ya pertenecía al partido de Manuel Azaña, Acción Republicana. Entre ellos, el que fuera elegido Alcalde, Miguel Servet Díaz Basauri y los concejales: Eloy Calero Millán, Ramón Ferrer Garrido, Basilio Donate Jareño, Vicente Arenas Ortega, Ramón Llistó Calvo, Antonio Romero Giner, Juan Martínez Monteagudo, José Cerdán Pérez, Antonio Díez Belda, Lucio Arribas Lozano y Ramiro Huerta Fernández. Y por el Partido Socialista, los restantes concejales: Francisco Escudero Díaz, Francisco Moreno Castillo, Timoteo Maestro Zalve, Antonio Montero Montero, Florindo Celaya Aranda y Florentino del Barco Picazo. Finalmente se les desea acierto para defender la República y la administración municipal [5].


Me gustaría acabar este artículo haciendo una breve referencia al alcalde electo, Miguel Servet Díaz Basauri. Nacido en 1888 en La Roda, fue un destacado industrial del sector vitivinícola rodense, libre-pensador (algunos lo relacionan con la masonería), de afiliación republicana (primero azañista, posteriormente del Partido Radical) y miembro colaborador del periódico local La Patria Chica en sus primeros momentos. Su nombre inicial “Miguel Servet” responde a un añadido posterior en honor al científico español célebre por su trabajo sobre la circulación pulmonar.  De él se contaba que fue uno de los pocos empresarios locales con sensibilidad social en nuestra localidad. Miguel Servet dimite de su cargo como alcalde republicano el 6 de septiembre de 1931, aunque volverá a ostentar el puesto de concejal en agosto de 1936.  A pesar de su moderación política, por haber sido republicano y haber ostentado el cargo de concejal hasta marzo de 1937, Díaz Basauri fue condenado por los tribunales franquistas a 10 años de prisión mayor, aunque la pena le fue conmutada a 3 años de prisión menor. Tras pasar 6 meses detenido en la prisión de La Roda, cumplió su condena bajo arresto domiciliario en su casa del Paseo de la Estación nº 8. En febrero de 1941 es puesto en libertad definitiva, marchando después a Madrid, donde moriría a los pocos meses, debido a una bronquitis crónica que padecía a causa del tabaquismo. Sus restos descansan en el Cementerio Civil de Madrid. Tres mujeres de la familia Díaz Basauri, están enterradas en el Cementerio Civil de La Roda, junto a las fosas comunes. Este espacio funerario se encuentra en la actualidad en condiciones de conservacion y mantenimiento tan pésimas que más bien parece un estercolero.





[1] Hoy Paseo de la Estación. Más famoso Fermín Galán, ambos lucharon contra la Dictadura de Primo de Rivera y fueron juzgados y fusilados por Consejo de Guerra en Huesca en diciembre de 1930. Galán da la orden de fuego al pelotón de ejecución, cayendo con un grito de ¡Viva la República!. Instaurada la II República, consciente del papel que habían jugado ambos militares en su fallido Golpe de Estado para instaurar la Republica instado por el Comité Revolucionario Nacional, tomó una serie de medidas para ensalzar su figura. Ambos capitanes de Infantería se convierten en verdaderos iconos del republicanismo español, pasando a ser considerados como Los mártires de la República. La historia de este militar fue tan célebre que en 1931 el cine español la llevó a la gran pantalla en una famosa película del mismo nombre y al teatro en una obra de Rafael Alberti.
[2] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesión 20-4-1931
[3] El Agricultor Manchego, abril y mayo de 1931
[4] El Defensor de Albacete (3-6-31)
[5] Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de La Roda. Sesión 5-6-1931