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Más asesinatos: venganzas personales y políticas en la retaguardia

     Con el fracaso del levantamiento militar y el estallido de la guerra, se inician una serie de procesos que vamos analizando por separado pero que acontecen de manera simultánea. Me refiero básicamente a la búsqueda y detención de los sublevados, incluyendo sacas y paseos, a la constitución del Comité de Salud Pública y a la incautación y colectivización de fincas, negocios y fábricas. Estos procesos ya los hemos ido viendo, quedando pendiente en adelante el análisis de la persecución religiosa en La Roda, la saca de Quintanar o la creación de los Tribunales Populares en Albacete y su actuación en La Roda.

     Centrándonos en la parte referente a los primeros asesinatos, veíamos cómo durante los meses de julio y agosto se producen los episodios de mayor violencia en La Roda. Respecto a las primeras muertes, recordar que el mismo 25 de julio ya se produce la detención y asesinato de un desconocido, probablemente un Guardia civil huído, en el pinar de La Malena. A este crimen le seguirán el de los tres hermanos Cadenas Rodríguez de Vera: Pascual el 27 de julio, y Leopoldo y César el 7 de agosto.

    Tras el asesinato de Pascual Cadenas, que ya vimos, el 6 de agosto sus hermanos Leopoldo y César Cadenas eran sacados de la cárcel-escuela por unos milicianos forasteros previo acuerdo con algunos miembros del Comité. Parece ser que por orden de Jose Antonio Valero, ambos fueron entregados a un misterioso señor de perilla. En la zona del Portazgo los suben a un camión, asesinándolos en el km. 213 más 400 m. de la carretera de Ocaña a Alicante (a unos 4 km. dirección La Gineta). Al amanecer otros milicianos son enviados a recoger los cuerpos, que son subidos a un carro atados con cuerdas y llevados al Cementerio. Según varias declaraciones, incluida la del propio sepulturero, los cuerpos iban tapados para ocultar las mutilaciones que les habían practicado.

     A partir de ahora veremos cómo a algunos milicianos no les bastaba con dar el tiro de gracia. Al ir en grupo, casi todos participaban disparando a los detenidos, por morbo, curiosidad o placer; tal vez también para practicar con armas de fuego. En ocasiones, otros se ensañarán con la víctima, procediendo a realizar burlas grotescas. Por otra parte, en estos asesinatos se evidencia el cambio de táctica. Los presos han sido entregados a unas milicias forasteras previo acuerdo con un misterioso señor de perilla, para posteriormente ser asesinados en el extra-radio de la localidad, al margen de testigos y de las miradas de los vecinos.

     Estos hechos y otros que veremos revelan, aparte de una aplicación desmesurada de la violencia más primitiva, la conflictividad e injusticias subyacentes durante el periodo anterior a 1936. En general, según Manuel Ortiz Heras, la represión de la retaguardia republicana fue más intensa en el interior agrario, donde se persiguió el poder local y a sectores sociales vinculados con etapas represivas anteriores. Dicha represión obedecía a venganzas y ajustes de cuentas acumulados en la cámara oculta de la memoria colectiva e individual. También se trataba de una violencia selectiva y clasista, encontrándonos en muchas ocasiones con que varios miembros de la misma familia son asesinados, como es el caso de los tres hermanos Cadenas Rodríguez de Vera o los miembros de la familia Collado Ballesteros, como veremos a continuación.

     El 26 de julio, un grupo de milicianos de Mahora y de Albacete se dirigió a la finca Berastegui, en el término municipal de Fuentealbilla para directamente asesinar al terrateniente propietario de La Roda, Aurelio Collado Ballesteros, a sus dos hijos, Felipe y Camilo, al perro de éstos y al mayordomo, Valentín Huerta. Hubo también tres heridos más debido a la gran cantidad de disparos que se hicieron, pues parece ser que había más de cincuenta milicianos aunque en otro documento figura que eran más de cien. Los asesinatos se producen previo acuerdo con el rentero, que era de La Roda, Jose Alarcón Palencia, pasando posteriormente a hacerse con el control de la finca. Aurelio era hermano del sacerdote de La Roda, José Collado Ballesteros, que junto a otros clérigos, serán asesinados por milicianos de La Roda. A su vez, Aurelio y José Collado Ballesteros, eran hermanos de otra víctima, Lucinio Collado Ballesteros, que como veremos, también será asesinado junto a su yerno y un hijo de éste. En alguna denuncia se dice que Jose Alarcón Palencia fue el instigador del asesinato de la familia Collado Ballesteros.

     Como la persecución y asesinato de los sublevados en La Roda se hacía en cooperación con milicianos de otros pueblos, este proceso también sucedía a la inversa, dándose el caso de que algunos milicianos de La Roda también perseguían, detenían y en ocasiones, daban muerte a huídos y posibles cómplices del levantamiento en los pueblos colindantes. Aparecen cadáveres en las cunetas sin poder determinar las causas que llevaron a practicar estos asesinatos e incluso se desconoce en muchos casos la identidad de los cuerpos. Intuimos que muchas de estas muertes se producen ya no por motivaciones políticas, sino por venganzas personales, ajustes de cuentas y, al fin y al cabo, por la práctica misma de la violencia sensu stricto en un contexto bélico y de vacío de poder como el que se está viviendo.

     Ya hemos hablado del asesinato de un desconocido en el pinar de La Malena, supuestamente un Guardia Civil huido de Albacete. Poco después, el 6 de agosto, era detenido un alférez de aviación, Ángel González Martínez, de Madrid, por estar complicado en el movimiento fascista. Su cadáver sería encontrado el día 1 de octubre en el término municipal de La Roda, en el km 203 de la carretera Ocaña-Alicante, con un disparo de arma de fuego. El 17 de agosto aparecía el cuerpo sin vida de Tomás Pareja Lara, de Tarazona de la Mancha, en el km13 de la carretera La Roda-Mahora. En septiembre serían encontrados otros dos cadáveres de hombres sin identificar en La Vereda, en el término municipal de Fuensanta, lindando con el de La Roda. El 20 de noviembre entre el km 12 y 13 de la carretera que conduce a Tarazona de la Mancha se hallaba el cuerpo de otro hombre desconocido con las manos atadas detrás de la espalda y con heridas por arma de fuego.

     Volviendo al relato de los hechos ocurridos en La Roda, a partir de la reconstrucción de los datos obtenidos en varios expedientes de los Juicios Sumarísimos franquistas, el 16 de agosto se producía el asesinato de Julián Fernández Cuenca. En el capítulo referente al 17 y 18 de julio de 1936, veíamos cómo esta persona, poniéndose de parte de los sublevados, se enfrenta al alcalde y a dos guardias municipales. Una vez que la provincia cae en manos republicanas es detenido y encarcelado. Pues bien, como decíamos, el 16 de agosto unos milicianos de La Roda, lo sacan de la Iglesia de Casas de Guijarro donde se hallaba preso. Con el pretexto de que el coche se ha averiado, paran y lo matan en el término municipal de Pozo Amargo, en el sitio conocido por Los Pinares. Sobre este crimen existen varias declaraciones coincidiendo en que el cadáver fue mutilado y que, mientras le ponían los testículos en la boca, se oyó decir como presumías de tantos cojones, ahora cómetelos. Los milicianos implicados, según las declaraciones en los juicios sumarísimos, fueron Antonio y Diego Vera Zaragoza (hermanos), Manolo del Campo, Ángel Huerta García y el conductor del coche cuyo nombre desconocemos.

     El 17 o 19 de agosto también es asesinado Juan Carrilero Fernández. Según la declaración de su mujer, fue detenido en su casa y llevado preso a una de las salas de espera de la Estación de tren, siendo sacado por un grupo de ferroviarios: Antonio de Toro Escudero (tenía las llaves), Bernardo Soriano Sánchez (dio la orden) y Román López Manchón. Después es entregado a los milicianos, entre los que se encontraban Avelino Sevilla Argudo y Miguel Carrizo. Lo llevan hacia la Alcantarilla y al llegar al paso a nivel le hacen decir un Viva la República e inmediatamente recibe varios disparos. Según los datos obtenidos en el libro de defunciones del Registro Civil, su cuerpo fue encontrado en el km 243 de la vía férrea Madrid-Alicante habiendo sido también arrollado por un tren.

     Unos días después, el 21 de agosto, tres hombres más eran sacados de la cárcel y asesinados. Según declaraciones extraídas de varios expedientes franquistas, los cadáveres son de: Lucinio Collado Ballesteros (hermano del sacerdote José Collado Ballesteros y del terrateniente Aurelio, ambos asesinados), de su yerno Delfín Paños, y del hermano de éste, llamado Priscilo. En capítulos anteriores ya veíamos la forma en que se produce la detención de estas personas en su domicilio, habiendo sido previamente herido Delfín Paños tras recibir un impacto de bala. Pues bien, el 21 de agosto, Antonio Gómez y Restituto Gaitano sacan a los tres detenidos y los entregan a un grupo de milicianos de La Roda. Engañados con el pretexto de que van a ser trasladados a una cárcel de Albacete, milicianos y detenidos se reparten en dos coches, un Ford y un Buick que había pertenecido a Wenceslao Cebrián. Detrás van en otro coche a modo de escolta Antonio Gómez y Restituto, que al poco se desvían hacia la carretera de Santa Marta para esperarlos. A los 6 km, dentro ya del término de Barrax, en el punto conocido como Cerros Verdes, paran los coches y los milicianos dicen a los detenidos que echen a correr. Lucinio, encontrándose sin fuerzas para correr, fue disparado dentro del mismo coche. Los hermanos Delfín y Priscilo, conforme huían corriendo, fueron acribillados a tiros. Una vez cometidos los asesinatos, los milicianos volvieron con los coches dirección a Santa Marta donde los esperaban Antonio Gómez y Restituto para comerse, pues era medio día, una cabrita frita. Simple y llanamente, así quedó reflejado en varias declaraciones, mostrándonos el lado más crudo y patético de la realidad. En medio de esta oleada de crímenes, la vida continuaba, y con ella, las necesidades más básicas, como las de comer.

     Con respecto a la familia Collado Ballesteros, aparte del asesinato de José el sacerdote, nos encontramos con las muertes de dos de sus hermanos, Lucinio y Aurelio. A su vez, junto a Lucinio muere su yerno y su hermano, y junto a Aurelio, sus dos hijos, Felipe y Camilo. La persecución de esta familia, junto a la de los Cadenas, pone de manifiesto esa violencia selectiva y clasista de la que nos habla Ortiz Heras. Un tipo de odio y venganza muy específicos directamente relacionados con etapas precedentes de injusticia y represión que viene a materializarse en estos casos, con la muerte de los miembros masculinos de familias enteras. En palabras del propio Ortiz:

“propietarios, militares, sacerdotes o puestos clave en la Administración se habían convertido en el blanco de las venganzas ancestrales por su actuación en momentos concretos” 1

     Al fin y al cabo, lo que estas personas evocaban era un pasado de injusticias; a ojos de la gran mayoría de milicianos eran simple y llanamente un grupo de reaccionarios que bloqueaban todo progreso y democracia en nuestro país.  Yo hablo de personas, aunque llegados a este punto, se había llegado a tal nivel de polarización política y de despersonalización del adversario, que ya no había vuelta atrás. Por encima de la vida de los seres humanos estaba la simbología e ideología políticas. Ya no importaba que alguien fuese bueno, malo o regular. Disponemos de varios testimonios orales que nos informan del comportamiento cotidiano de algunos de los asesinados. Mientras que del sacerdote José Collado se decía que era buena persona, no sucedía lo mismo con algunos miembros de la familia Cadenas: en el pueblo siempre fue voz populi el mal trato que dieron a sus trabajadores.

Violencia en la retaguardia
Violencia en la retaguardia

     

     El 29 de agosto, un grupo de milicianos de La Roda entre los que se encuentran Jose Antonio Vera, Avelino y Marcelo Sevilla Argudo y Sebastián Tébar, se dirigen a Casas de Benítez a buscar a otras tres personas de La Roda que se hallaban escondidas en este vecino pueblo. Aparecen en la antigua Casa cuartel de la Guardia Civil, que es donde los milicianos de Casas de Benítez tenían instalado el Comité de Enlace del Frente Popular para preguntar por Serapio Martínez (padre de Miguel Martínez, uno de los sublevados en La Roda). Tras recibir las informaciones pertinentes, acuden a la casa donde se encuentra Serapio Martínez, al que detienen junto a su hijo Francisco Martínez, aunque a éste lo encierran en la Iglesia, convertida en prisión provisional. Se llevan a Serapio, junto a su contable, Francisco Sánchez Ajofrín. Los montan en coches separados y tras haber recorrido unos 4 kilómetros, ya en el término municipal de Pozo Amargo, en el pinar de la Casa Huedo, detienen los vehículos y disparan a los dos detenidos. En las declaraciones dicen que a Serapio Martínez le cortaron una oreja y le vaciaron un ojo estando vivo.

     En la reconstrucción de los hechos aparecen datos que nos indican que en este episodio se produce un intercambio de presos: la familia de Serapio y el contable fueron entregados a milicianos de La Roda porque éstos entregaron a su vez a los de Casas de Benítez a Francisco Ortiz Moreno, que también será asesinado. Por la noche, los milicianos de La Roda volverán a la Iglesia de Casas de Benítez para sacar a Francisco, hijo de Serapio Martínez, siendo asesinado en el mismo término, concretamente en el kilómetro 98 de la carretera de Cuenca. Aparte de esto, en la misma declaración aparece el asesinato de otro hombre en la carretera de Sisante, a manos de un tal Carpio. No hemos podido confirmar de quién se trata, aunque especulamos que podría tratarse de Francisco Ortiz Moreno, cuyos restos descansan en la parte sagrada del Cementerio de La Roda.

     Desentrañar los hechos que conducen al asesinato de Luis Encarnación Motilla, médico de Villalgordo del Júcar ha sido una ardua tarea, dadas las contradicciones en las fechas, nombres y sucesos. Además, a esto debemos añadir el hecho de que aparecen implicados milicianos de Tarazona, de Villalgordo, de Albacete y de La Roda que se acusan entre ellos del arresto y asesinato, aportando declaraciones muy dispares de los sucesos. De todos modos creo que el resultado final es lo más fidedigno posible. El 25 o 26 de agosto, los hermanos milicianos Córdoba Escribano de Tarazona, previa llegada de unos milicianos de Albacete, uno de los cuáles se llamaba Ovidio Nieto, se procede a la persecución y detención de Luis Encarnación, que será encerrado en la cárcel del Ayuntamiento de Villalgordo. El 13 de septiembre llegaba a Villalgordo el miliciano de La Roda Jose Antonio Sevilla Argudo acompañado por cuatro milicianos más para sacar a Luis Encarnación y darle muerte en las inmediaciones de la finca Villalba, a la altura de la conocida Cuesta de La Roda. Su cuerpo apareció junto a otros tres cadáveres, cuyos nombres y circunstancias de su muerde desconocemos. Por el asesinato de Luis Motilla también serán acusados Jose Antonio Valero y Deusdedio del Campo, aunque no hemos visto evidencias de su participación directa ni tan siquiera en la Causa General. A su vez, serán declarados culpables de asesinar el 4 de octubre a otros dos vecinos de Villalgordo del Júcar, Florián Romero y Enrique Sahuquillo, en el término municipal de Villanueva de la Jara. Nuevamente, en los informes de Falange y de la Guardia Civil de Villalgordo se afirma que no hay indicios para proceder con estas acusaciones.

    Como vemos, se cometen multitud de crímenes, sin contar con todo tipo de altercados y actos de violencia que se producen sin dar como resultado víctimas mortales. Es evidente que los miembros del Comité de Enlace, aunque no hayan sido autores materiales de los crímenes e incluso sin estar al tanto de los mismos, dados los cargos de responsabilidad que ostentan, finalmente son acusados de casi todos los asesinatos cometidos por los distintos grupos de milicianos. A esto debemos sumar la gran cantidad de errores en los hechos, nombres y fechas que aparecen a la hora de interponer denuncias, donde en muchos casos, personas inocentes son acusadas, a veces consciente y otras, inconscientemente. Además, las declaraciones de los detenidos y/o acusados en su mayoría han sido obtenidas bajo presión y torturas. Todo esto, junto a la arbitrariedad, rapidez y falta de garantías con que se realizaban los juicios franquistas, hace que seamos cautos a la hora de hacer balance aunque una cosa es innegable: la violencia y el crimen campan a sus anchas durante los meses de verano de 1936, eso sí, perpetrados por grupos incontrolados de milicianos que dicen actuar en nombre de la República.

     A partir de septiembre, con la formación del nuevo gobierno de Largo Caballero y la creación de los Tribunales Populares, esta oleada de asesinatos indiscriminados perderá intensidad de manera fulminante. Las muertes de que tenemos constancia a partir de estos momentos son las de tres hombres sin identificar en el término municipal de Fuensanta, que ya hemos mencionado, y la de otros dos hombres en diciembre de 1936. El 12 de diciembre, era asesinado Rafael Molina Ortiz en la puerta de la casa de lenocinio de la Cartagenera por el Sargento de Milicias, Julián Escudero López. Por una simple discusión el miliciano dispara en la frente a Rafael. El agresor es sometido a juicio por los Tribunales populares, que se justifica diciendo que Rafael era un inútil inválido sin piernas; le imponen una pena de 15 años. Finalmente, el 29 de diciembre aparecía el cadáver de un mendigo no identificado en la carretera de Ocaña Alicante km 206. Estos asesinatos parecen producirse ya fuera de un contexto propiamente bélico pero no por ello son menos despreciables. Aunque estas muertes no estén relacionadas directamente con los actos de guerra y vacío de poder del verano del 36, si que lo están indirectamente. Debido a la explosión de violencia que se desata y a que una buena parte de la población civil es portadora de armas, entre la que se encuentran auténticos delincuentes, por desgracia también nos encontramos con este tipo de asesinatos.


1 Ortiz Heras, M., Violencia política en la II República y el primer franquismo, Siglo Veintiuno, Madrid, 1996, pág. 98

 

Publicado enInvestigación históricaPolíticaSociedad

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